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Punto de Vista

Carlos Alberto Vega Pérez · Albero

La consanguinidad en el ganado de lidia
 
El número de cabezas de bovinos de lidia es muy reducido en comparación del inventario de bovinos domésticos para producción de leche y carne en el mundo y se cría siguiendo sistemas de manejo tradicionales que favorecen la cruza de animales emparentados entre sí en las diversas ganaderías. Esto incrementa la consanguinidad, fijando caracteres deseables, pero también acentuando diversos defectos graves y por ser rebaños pequeños, por su manejo cerrado y la orientación de la selección en este tipo de explotaciones, que siguen una determinada línea genética o encaste, se reduce aún más la población en apareamiento.

Entre los factores que contribuyen al aumento de la consanguinidad en una población están el número de cabezas y las subdivisiones existentes en ella. En el manejo propio de los animales domésticos se crean subdivisiones. Actualmente se utilizan métodos de selección orientados a la fijación de determinados caracteres, utilizando un reducido número de encastes, algunos de los cuales han disminuido su presencia gradualmente, de acuerdo a las preferencias de la época, llevando a algunos al borde de su desaparición.

El ganadero orienta la cría de acuerdo con sus preferencias fenotípicas y de comportamiento, intentando que todos sus toros tengan una serie de caracteres comunes en función de los propósitos definidos de su ganadería. Y para conseguirlo, de acuerdo al manejo y selección, incurren en cierto grado de consanguinidad.
Hay que tener presente que la consanguinidad no mejora las cualidades ni empeora los defectos, lo que hace simplemente es fijar cualidades y también fijar los defectos. Por ello es importante la selección de los reproductores, no sólo por su fenotipo, sino también por su genotipo; cuanto más cercano sea el parentesco entre estos, mayor será la consanguinidad en la progenie resultante.

Existen dos tipos de consanguinidad: La estrecha, que es la que resulta por el cruce de hermano con hermana, de padre con hija y de hijo con madre; y la familiar, producto de la unión de individuos que no tienen parentesco directo, como en el caso de la estrecha, es decir, entre medios hermanos, primos o tíos con sobrinos.
Los coeficientes de consanguinidad en las crías,suponiendo que los padres no son consanguíneos, son los siguientes:
Apareamiento entre…                              Consanguinidad
Hermanos                                                        25%
Medios hermanos                                            12.5%
Padre/madre-hija/hijo                                       25%
Abuelo/abuela-nieta/nieto                                12.5%
Primos con abuelos comunes                           6.25%

HERENCIA GENÉTICA, GENES Y ALELOS

La herencia son las características que se transmiten de padres a hijos. Las características se transmiten por medio de los genes. Los genes son la unidad física y funcional de la herencia, localizados en los cromosomas, los cuales poseen la función de llevar la información genética de una generación a otra. Los animales emparentados tienen más genes en común que los desvinculados genealógicamente, y así como tienen más genes favorables, también tienen más genes indeseables.
Cada característica es transmitida por un par de genes. Estos pueden ser dominantes o recesivos: los rasgos dominantes son controlados por un gen en el par y los rasgos recesivos requieren de ambos.
Los alelos, son cada uno de los genes del par que ocupa el mismo lugar en los cromosomas homólogos y su expresión determina el mismo caracter o rasgo. El individuo que posee un par de alelos idénticos es homocigoto y puede ser homocigoto recesivo u homocigoto dominante, y heterocigoto es aquél que presenta un par de alelos no idénticos, uno dominante y otro recesivo.

Los genes recesivos en heterocigosis pueden permanecer ocultos o escondidos y no se expresan en el fenotipo animal.

Pero es importante saber que tales genes recesivos indeseables hacen evidentes sus efectos únicamente en los animales que portan dos copias iguales, es decir, en los homocigotos recesivos. Hay genes recesivos que provocan desórdenes genéticos o afectan la reproducción, longevidad y funciones productivas.
La consanguinidad produce un incremento del nivel de homocigosis y aumenta el riesgo de la aparición de efectos indeseables en el fenotipo, a esto se llama depresión por consanguinidad y generalmente se asocia con trastornos de la fertilidad y la longevidad y, en menor grado, con el desarrollo y las características productivas.

La depresión por consanguinidad puede ser significativa si el nivel de consanguinidad se incrementa rápidamente. Cuando aumenta lentamente, es conveniente ejercer una fuerte presión de selección para descartar los reproductores con características indeseables o de pobre desempeño.
En el ganado de lidia, la consanguinidad se ha utilizado a lo largo de los años para la fijación de caracteres deseables. Basándose en este principio se han desarrollado y conservado los encastes del toro bravo.

Álvaro Domecq y Diez, en su libro “El Toro Bravo”, menciona lo siguiente: “Fue José Vicente Vázquez, a tenor de lo que dice López Martínez, allá a mediados del siglo XVIII, quien, tras agrupar reses de diferentes ganaderías, procuró sacar un tipo único y uniforme mediante la selección y la consanguinidad”.

En el trabajo titulado “Miradas al río de la bravura”, el Dr. Alberto Ramírez Avendaño, médico veterinario, profesor y ganadero venezolano, dice lo siguiente: “En el caso de la ganadería de lidia basta con analizar la reata de un semental en cualquier ganadería de prestigio, para advertir un índice muy alto de consanguinidad en comparación con otras razas de bovinos. La selección secular de rebaños familiares, cerrados, poco numerosos, a través de muchas generaciones parece haber segregado muchos factores adversos, que no se muestran en los rebaños contemporáneos, los cuales mantienen, por ejemplo, una fertilidad alta en general y por lo contrario, se advierten signos, posiblemente asociados a factores genéticos, en trastornos de la locomoción y alteraciones fisiopatológicas de la contracción muscular. En relación a estos asuntos, cuya complejidad requiere serios estudios interdisciplinarios, desde hace tiempo se maneja entre los taurinos de oficio toda una jerga sobre consanguinidad, degeneración, refrescamiento de sangre, toros que ligan, términos que se emplean a destajo con más autoridad supuesta que conocimiento real”.

Juan José Zaldivar Ortega en su obra “Incursionando en lo desconocido, apuntes sobre la caída del toro”, expresa lo siguiente: “A las causas antes fundamentadas hay que añadir la más importante y de la que, en aquellos años de las décadas de 1950 y 1960, nadie hablaba: la citada consanguinidad. En ella se encuentra especialmente instalado ese factor de desequilibrio mioneural protagonizado por una reducción notable de enzimas colinesterasas en la sangre de los animales con altos niveles de homocigosis. En la mayoría de las ganaderías portuguesas, cuyo ganado se ha reproducido durante muchos años dentro de grupos cerrados, el grado de consanguinidad es muy alto, resultando un riesgo inmovilizarlos con drogas miorrelajantes, porque teniendo bajos niveles de colinesterasas en sangre nos exponemos a que los animales no se recuperen”.

El profesor J. Cañón y Cols. de la Universidad Complutense de Madrid, en el trabajo de investigación titulado “Distribución de la variabilidad genética en la raza de Lidia”, menciona en sus resultados y conclusiones, lo siguiente:
“Se midieron los niveles de endogamia y de parentesco entre los animales de cada encaste y su contribución a la diversidad global.

Los encastes explicaron el 20 por ciento de la variabilidad genética global, el 43 por ciento es atribuible a las diferencias genéticas entre animales y el 37 por ciento a la variabilidad genética dentro de los animales, lo que implica la existencia de una tendencia hacia la homocigosis en los animales de los encastes”.
“La existencia de una estructura de población dividida en líneas o encastes y ganaderías ha permitido una acumulación de la variabilidad genética entre los encastes, como consecuencia de importantes procesos de deriva, y aunque el tamaño efectivo global de la raza se reduzca como consecuencia de esta división, ha podido resultar una buena estrategia para el mantenimiento de la variabilidad genética global”.

En la entrevista titulada “Referente Bravura”, realizada por Iñigo Crespo al ganadero español Victorino Martín y publicada por el semanario AplausoS.es, el 31 de julio del 2010, dijo lo siguiente: “Nuestro mayor enemigo es la consanguinidad. Llevamos más de cien años en pureza de sangre, por eso es importante abrir la ganadería y buscar líneas”.
Con esta coyuntura, cabe reflexionar si a corto plazo, los criadores de ganado de lidia se abrirán en busca de incorporar otras líneas genéticas presentes fuera de sus propiedades, y dejarán de lado el manejo tradicional. ¿Estarán interesados en utilizar asesoría de genetistas para analizar la situación actual de su dehesa, la orientación sobre los cruzamientos que realizan y la factibilidad de nuevas rutas que permitan el manejo controlado de la consanguinidad, para producir bureles que cumplan con la misión y visión que tienen los propietarios de lo que debe ser una ganadería de casta y bravura?

Y surgen las preguntas obligadas: ¿Actualmente el público que acude a las plazas de toros, es capaz de identificar un toro con bravura y transmisión?
¿El respetable que acude a las plazas acude a ver un ritual sacrificial donde un toro es sometido por el matador, o van a ver la muerte de un toro en un moderno circo romano?
¿Serviría de algo regresar al toro bravo, de casta y edad a los ruedos? O estamos presenciando el derrocamiento del “Rey de la Fiesta Brava” … su Majestad “El Toro Bravo”, de manos de los gladiadores toreros.

Muchas gracias.

Una manada de toros de lidia en el potrero.
Arrancada desde los medios al caballo.

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