Ahoga a los delegados, obligándolos a hacer malabarismos, incluso con recursos propios para poder resolver las necesidades de su gente, puntualiza regidora Juana García
MESA DE REDACCIÓN
La presidencia morenista de Cadereyta de Montes tiene en el abandono a sus diez delegaciones municipales y “ahoga” a sus titulares que incluso con recursos propios se ven obligados a resolver las necesidades de sus demarcaciones.
“El desamparo de nuestras diez delegaciones es material, laboral y humano, y se hace evidente en tres frentes críticos”, advierte la regidora Juana García.
Cómo ejemplo de ello, expone que en Maconí tienen una inoperante camioneta de recolección basura y llevan más de cuatro meses esperando la reparación de una impresora.
“Asfixia operativa y abandono material: es inaceptable que delegaciones como Maconí lleven más de cuatro meses solicitando la reparación de una impresora, o que mantengan inoperante una camioneta recolectora de basura a pesar de que, desde el inicio de la administración, se ha pedido su compostura en innumerables ocasiones.
“Negar las herramientas mínimas de trabajo no es austeridad; es el desmantelamiento de los servicios públicos esenciales. Se ahoga a los delegados obligándolos a realizar malabarismos, incluso con recursos propios, para poder resolver las necesidades de su gente”, manifiesta.
En lo que considera “abandono constitucional y precarización”, la regidora apunta que “la incongruencia es mayúscula cuando el propio gobierno, que debería velar por la justicia social, se convierte en el primer precarizador de su fuerza laboral. En Maconí se dio de baja -a inicios de la administración- a trabajadores clave para la limpieza y la recolección de basura sin que a la fecha se haya repuesto al personal. Asimismo, la mayoría de los empleados ni siquiera percibe el salario mínimo legal (como en la mayoría de las delegaciones)”.
Sobre marginación por geografía y dispersión, García expone que las delegaciones como Vizarrón, El Doctor, La Esperanza, Maconí y El Aguacate, principalmente, enfrentan retos monumentales debido a su enorme extensión territorial y sus caminos de terracería.
“Dejar a sus autoridades sin medios de transporte -como ocurre en El Doctor- es condenar a las localidades más alejadas al aislamiento y a la marginación absoluta.
“Las delegaciones son el primer contacto de la ciudadanía con la administración. Exigir recursos financieros, materiales, vehículos y salarios dignos para ellas no es una ‘favor’ político; es un acto de justicia elemental. Se necesita voluntad, responsabilidad política y ética para dotar a las comunidades de los recursos permanentes que requieren para operar”, concluye la regidora.


