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Albero Taurino

Carlos Alberto Vega Pérez · Albero

Origen genético, aislamiento y baja heredabilidad del comportamiento en el toro de lidia

El genotipo del toro de lidia es un reservorio genético único dentro de Bos taurus. A diferencia de las razas cárnicas o lecheras, la selección en el toro bravo no busca eficiencia alimenticia ni kilos en la canal, sino comportamiento y carácter.

Su origen proviene de la domesticación del uro ibérico (Bos primigenius), conservado mediante aislamiento reproductivo estricto desde el siglo XVIII a través de las castas fundacionales (Cabrera, Miura, Vistahermosa, Vazqueña, Gallardo y Navarra), o sea que proviene de un Patrimonio filogenético cerrado.
Pero, ¿Cómo se explica el dilema genético de la embestida? Genéticamente, la bravura no se rige por la herencia mendeliana simple (un solo gen dominantemente manifestado). Es un caracter cuantitativo poligénico, influenciado por docenas de genes interactuando entre sí.

La heredabilidad (h2) del comportamiento en la tienta es sorprendentemente baja o media y ronda entre el 0.20 y 0.35.
Por ejemplo: cruzar un semental que sacó “10 de nota” en bravura con una vaca de “10” NO garantiza un becerro perfecto. La probabilidad de réplica es apenas del 20-30%; el 70 por ciento restante responde a recombinaciones alélicas aleatorias y al efecto epigenético del ambiente en la ganadería.
Existen variaciones genómicas según el encaste y la “fisiología de la bravura”; lo que comúnmente llamamos “toro de lidia” es una variación metabólica y genéticamente un mosaico.

No existe una sola raza homogénea, sino una superposición de “encastes” que funcionan genotípicamente como subpoblaciones cerradas.
Estudios, utilizando marcadores moleculares, demuestran que la distancia genética entre el encaste “Miura” y uno “Santa Coloma” o “Atanasio Fernández” es tan grande como la distancia entre razas bovinas distintas.
La verdadera marca genética del toro de lidia radica en cómo su cerebro procesa el estrés y el dolor. Ante el castigo físico (la puya y banderillas), cualquier otro bovino libera niveles desorbitados de cortisol y entra en pánico o huida, y eso se debe a su eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal.
El genotipo bravo codifica una respuesta neuroendocrina hiperactiva del sistema simpático y la liberación masiva de betaendorfinas y catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). Éstas bloquean los receptores nociceptivos del dolor y provocan la acometida por territorialidad y defensa en lugar del repliegue.
Genéticamente, el toro no está diseñado para emprender carreras de velocidad de 20 minutos seguidos. Su perfil enzimático natural es de un animal de embestida explosiva corta. El “perder las manos” o la fatiga prematura no siempre es falta de fuerza física; suele ser un colapso metabólico donde el genotipo del animal genera más lactato del que sus enzimas de transporte de monocarboxilatos (MCT) pueden eliminar de la sangre.

Para fijar los caracteres de embestida, los ganaderos han practicado el inbreeding (consanguinidad o cruzamiento entre parientes) durante siglos. Esto ha fijado alelos deseados, pero también ha elevado el coeficiente de consanguinidad a niveles superiores al 10-15 por ciento.
Esto, genéticamente genera depresión consanguínea: disminución de la fertilidad, problemas en la estructura ósea manifestada generalmente por debilidad de manos y menor vigor híbrido.
Los genes no actúan solos. El medio ambiente “enciende” o “apaga” la expresión genómica sin alterar la secuencia de ADN. La alimentación de la vaca durante la gestación, el manejo sin estrés en el campo y la densidad de hectáreas por animal alteran los patrones de metilación del ADN.

Por ejemplo: un becerro con el genotipo ideal para ser bravo, puede terminar comportándose como manso si sufrió deficiencias nutricionales fetales o estrés térmico crónico en sus primeros meses de vida.
¿Cómo se justifica entonces el éxito de la consanguinidad o inbreeding en encastes cerrados durante más de un siglo?
La clave está en no confundir fijación de alelos con alta heredabilidad.

La consanguinidad no aumentó el coeficiente de heredabilidad del carácter cuantitativo de la bravura; lo que hizo fue reducir la varianza genética dentro del encaste al aumentar la homocigosis.
Al cruzar individuos altamente emparentados, se “limpiaron” o descartaron las familias que expresaban fenotipos mansos mediante la selección en la tienta. Lo que se logró no fue predecir con exactitud el comportamiento individual de cada becerro, sino estrechar el margen de error poblacional dentro de esa línea genética, asumiendo el costo de la depresión por consanguinidad.

Y hay otro dato interesante: desde el punto de vista fisiológico, ¿por qué un toro bravo no entra en choque neurogénico o desmayo tras la pérdida de sangre en el tercio de varas?
Se debe a una respuesta endocrina asimétrica de adaptación al estrés severo. Mientras que en un bovino doméstico convencional el estímulo nociceptivo desencadena una descarga masiva de cortisol (que genera vasodilatación, inhibición inmunitaria y colapso circulatorio), el toro de lidia presenta un pico desproporcionadamente alto de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y β-endorfinas.
Las catecolaminas producen una vasoconstricción periférica selectiva y mantienen la presión arterial media en órganos vitales (cerebro y corazón). A su vez, los péptidos opioides endógenos actúan saturando los receptores μ (mu) del sistema nervioso central elevando exponencialmente el umbral de dolor, permitiendo que el animal mantenga el tono muscular y la conducta de acometida a pesar de la hipovolemia relativa.

Y aún hay más: ¿qué papel juegan los transportadores de monocarboxilatos (MCT) en las caídas o “calambres” que sufren algunos toros en el último tercio?
Los transportadores MCT1 y MCT4 son las proteínas encargadas del influjo y eflujo de lactato a través de la membrana de la fibra muscular. En el toro, la lidia es un esfuerzo predominantemente glucolítico anaeróbico.
Cuando la tasa de producción de ácido láctico supera la capacidad de aclaramiento del complejo MCT y la amortiguación del bicarbonato plasmático, el pH intracelular del miocito (célula muscular) cae por debajo de 6.5, se inhibe directamente la enzima fosfofructocinasa (PFK) y bloquea la unión del calcio a la troponina C, provocando la falla en la acoplación excitación-contracción.

El toro no “se cansa” por falta de voluntad; sufre una parálisis funcional por acidosis metabólica localizada.
¿Es posible mediante el uso de marcadores genéticos predecir si un becerro será bravo antes de tentarlo?
Hoy en día, no de forma directa ni absoluta. Existen paneles de SNPs (polimorfismos de nucleótido único) desarrollados para identificar la pureza y la pertenencia a determinados encastes (trazabilidad de origen), e incluso se han aislado genes candidatos relacionados con receptores de dopamina (DRD2) y serotonina (HTR2A).
Sin embargo, como la bravura es un carácter poligénico complejo sujeto a una enorme plasticidad epigenética, poseer el perfil alélico “favorable” no garantiza la expresión del comportamiento si no se dan los estímulos ambientales y el desarrollo metabólico adecuados durante la recría. La selección del genotipo actual, sirve para controlar la consanguinidad y el parentesco, pero no reemplaza a la tienta.
Si la selección genética busca toros más bravos y encastados, ¿por qué en las últimas décadas se ha observado mayor falta de fuerza en los ruedos?
Porque la selección fenotípica a menudo ha priorizado involuntariamente caracteres correlacionados de forma negativa. Al seleccionar toros de mayor volumen, masa corporal y corpulencia (como una exigencia del mercado o de los aficionados) dentro de poblaciones con alto grado de consanguinidad, se ha producido una correlación genética antagónica.
Aumento de peso contra relación superficie/volumen cardiaco, esto es, que la masa muscular creció a mayor velocidad que la capacidad de adaptación hemodinámica.

La endogamia severa afecta la síntesis de colágeno, debilitando tendones y articulaciones (especialmente en el carpo y tarso).

Al buscar faenas más largas, se ha priorizado la nobleza (ritmo) sobre la acometida pura, modificando la relación de fibras musculares IIA y IIB.

Muchas gracias.

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