Del paseíllo al arrastre…
Es fundamental rescatar y retomar los conceptos más básicos de la lidia, ya que actualmente muchos aficionados están perdidos entre la maraña de tópicos e ideas prefabricadas que les impiden disfrutar plenamente de la fiesta brava. En su obra “Del paseíllo al arrastre, la lidia y su evolución”, Domingo Delgado de la Cámara nos ofrece una descripción detallada de la tauromaquia dirigida a los aficionados.
En este libro hace un análisis profundo y sobre la lidia moderna, alejado de los conceptos vagos y simples que suelen presentar las tauromaquias para los villamelones y el público turístico u ocasional. Este texto critica las falsedades y tópicos que han predominado en los últimos cuarenta años, dominados por comentarios taurinos a menudo mediocres y de mala fe, o con exceso de coba y “chayoteo” para los actuantes, empresas y ganaderos, haciendo creer que el actual, es el mundo taurino perfecto.
Si queremos rescatar la tauromaquia en su esencia, es urgente reeducar a los nuevos aficionados taurinos, alejándolos de los conceptos erróneos como el falso torismo y el esteticismo decadente de los toreros, que se han convertido en verdaderas lacras del aficionado actual. Estas ideas distorsionan su visión de la fiesta y, lo que es más grave, le impiden disfrutar del toreo. Durante años, esta crítica engañosa ha mantenido al aficionado moderno confundido en su apreciación.
Domingo Delgado cita: “No culpo al aficionado moderno de su proceder. Simplemente se le ha estado engañando durante treinta años y se le ha estado llenando de malos ejemplos. La labor hecha por Navalón y seguidores a lo largo de treinta años ha resultado enormemente negativa. Se ha pervertido el concepto de varias generaciones de aficionados y el mal ha sido tan profundo, que se ha arraigado hasta tal punto, que es muy difícil de erradicar”.
“La presión ambiental llevada a cabo por ciertos medios de comunicación que ejercen de altavoces del tendido siete es tan brutal, que quien no acepta ese discurso es tomado inmediatamente por vendido a los toreros o, lo que es peor, simplemente por imbécil. Se ha generado un clima de presión y de ausencia de libertad que muchos que piensan como yo se callan y siguen la corriente para evitar líos y problemas”.
Domingo también reflexiona diciendo que: “La psicología enseña, y la experiencia demuestra, que cuando se dan reuniones masivas de gentes, determinadas individualidades, amparándose en la masa, dan rienda suelta a sus propias frustraciones, y trasponiendo sus fracasos al protagonista del evento, en cierta manera le hacen responsable de ellos. Así personajes dolidos por su situación profesional, su fracaso con las mujeres, su mediocridad de pensamiento o su escasez de conocimientos, convierten una reunión festiva en una manifestación furibunda y deseosa de que los demás también fracasen…” y continúa escribiendo: “Además muestran una asombrosa incapacidad para la reflexión, y en general no dan señales que les haga distinguirse por su sabiduría. Y hasta los que parecen más sensatos se niegan a una reflexión profunda. ¿Por qué? Porque no podrían sacar adelante su dudosa razón y porque su objetivo no es el bien de la fiesta y sí podría ser la satisfacción de una vanidad insatisfecha y la redención de su presunta mediocridad mediante el insulto a la excelencia del triunfador”.
“No tienen una idea clara de lo que quieren. Se oponen a todo por sistema y se niegan a todo. Cuando más intransigente se sea, más fama de buen aficionado se tiene”.
Además, “también hay una crítica folklórica, la que aparece en ciertas revistas especializadas. Aquí los toreros siempre están bien, todo es maravilloso, y la culpa de todo lo malo la tienen los demás, nunca sus ídolos admirados. Por su puesto, todo aquel aficionado medianamente responsable que desea que las cosas se hagan con un mínimo de seriedad, es acusado hasta de ser el culpable de la muerte de Manolete.
Para esta gente ni el afeitado existe, ni los toros se caen, ni se les asesina desde el caballo… Todo son obsesiones de una mente mala, que solo quiere ver a los toreros muertos”.
También señala que: “Ha sido una vergüenza observar cómo la prensa y la afición más flolklórica justificaban y jaleaban las lamentables actuaciones de un apoderado muy conocido defendiendo a su torero. ¿Que hay qué luchar contra la patronal? De acuerdo. ¿Que los toreros no deben dejarse domesticar por los empresarios? Por supuesto. ¿Que el dinero fuerte de la fiesta debe ser para el torero que para eso se pone delante? Indiscutiblemente. ¿Que el dinero de la televisión debe repartirse equitativamente? Claro. Pero esta lucha contra la patronal debe hacerse dando la cara en todas las ferias importantes sin faltar a ninguna, delante del toro que da miedo y no vetando la presencia en el cartel de ningún compañero por molesto que resulte”.
Y recordando los mejores tiempos de la fiesta, cita: “Cuando la fiesta ha tenido más salud es cuando ha estado más equilibrado el poder de quienes intervienen en ella. A la fiesta que debemos aspirar en el futuro es a una fiesta muy parecida a la de los años treinta, donde el toro era terciado, pero muy móvil y muy agresivo. Un toro que llevaba la emoción de la casta, pero que ya empezaba a tener la nobleza necesaria para el buen toreo”.
“Este es el equilibrio que hay que buscar. El equilibrio entre la casta y la nobleza nos lleva a la bravura. Cuando el toro es solamente noble como quieren los toreros, nos aburrimos por la poca emoción. Cuando el toro solo tiene agresividad sin nobleza como quiere el tendido siete, es imposible el toreo estético y es volver a los tiempos de Machaco y El Bomba, negando la cultura taurina iniciada por José y Juan. Una absurda regresión a un pasado imperfecto mucho peor que el presente…” y lo estamos viendo actualmente; palabras proféticas las de Domingo Delgado.
Y continua su comentario: “Por lo tanto, el toro tiene que estar en tipo y tiene que tener un equilibrio entre casta y nobleza. Romper este equilibrio es ir a la mansedumbre. La pelea ha de equilibrarse; no se pueden consentir las desventajas que la lidia actual impone al toro. Y con este toro habrá buen toreo y emoción. Cuanto más largo sea el escalafón de figuras del toreo, mejor, tal y como era en los años treinta. Cuando un torero acumula en sus manos mucho poder, se suelen generar consecuencias indeseables”.
Y afirma contundentemente: “Yo lo que quiero es una fiesta auténtica, de toro íntegro, pero sin tipo, y torero con entrega y calidad. Quien está a favor de esto, sea aficionado o profesional, lo considero de mi bando. Quien por ignorancia o interés no esté a favor de esto, le considero rival y con él rivalizo. Ya es hora de hablar con libertad y que también se escuche el criterio de la gente prudente y amante de la fiesta”.
“También estuvo bien Paco Ojeda cuando dijo: . Confusión, caos desorientación… A ver si poco a poco y entre todos nos vamos orientando”.
El actual aficionado, siempre con una perspectiva negativa, carece de autocrítica y solo se deja llevar por lo que le dan, le muestran y le venden. Es indispensable que reconozca su papel, ya que sus criterios equivocados han llevado a la fiesta a una situación delicada: toros que no embisten, toreros desmotivados, ya que, hagan lo que hagan, no reciben el reconocimiento que merecen y una fiesta desestructurada, incapaz de organizarse y de defenderse de sus enemigos.
Los invito a leer su libro y retomar esa esencia básica y elemental de la tauromaquia para conocerla y tener una opinión crítica constructiva.
Además de que sería interesante, saber qué opina Domingo Delgado de la Cámara después de 21 años de publicado su libro… ¿siguen vigentes sus conceptos de tauromaquia? o ya cambiaron, y ¿qué opinión tiene de la tauromaquia y los festejos taurinos en el actual año 2025?
Muchas gracias




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