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Albero Taurino

Carlos Alberto Vega Pérez · Albero

Las plazas de toros en Querétaro / IV parte

PLAZA DE TOROS SANTA MARÍA DE QUERÉTARO

Esta Navidad se cumplirán 63 años en que un hombre, con una afición y un amor tan grande a la fiesta brava, se echó a cuestas el compromiso de construirle a Querétaro una plaza de toros, y qué plaza, la plaza de toros con el palco de contrabarrera más grande del mundo.

Don Nicolás González Jáuregui, ilustre abogado, fundador de colegios, vitivinicultor, ganadero, benefactor y quien fuera también presidente de la Junta de Navidad de esta ciudad por muchos años, fue el responsable de edificar, en tan solo unos meses, el bello coso donde se escribirían algunas de las páginas más brillantes del toreo en México.

El compromiso lo adquirió en 1962, cuando una vez derruida la vieja plaza Colón, organizó un festejo taurino aprovechando la anchura de la calle Próspero C. Vega en su esquina con 16 de Septiembre. Ahí, frente a las rejas del atrio de la parroquia de Santiago, en el improvisado ruedo por él instalado, un grupo de aficionados, comandados por don Manuel Cisnel, saltaron al ruedo con una manta donde hacían la solicitud al hombre que, sabían bien, era capaz de construir una nueva plaza de toros en Querétaro.
Y no solo la construyó en tan breve tiempo, sino que además lo hizo con al cariño y pasión que la Santa María, como bautizaría al coso en honor de su esposa, doña María Rivas y encomendada a la Santísima Virgen del Pueblito, se convirtió en una de las más bellas del país y del mundo, con sus características únicas, sus arcadas blancas coronadas por tejas y adornadas con los hierros de las ganaderías mexicanas de aquel momento; con la cuadrícula de tabique rojo que limita sus barreras, su amplísimo palco y las imágenes exteriores grabadas en madera de un encierro de toros bravos y de la Virgen del Pueblito, patrona de los queretanos.

Don Nicolás, desde entonces, inculcó en el ánimo de su hijo, Nicolás González Rivas, la pasión por la más bella de todas las fiestas, con sus luces, sus ritos, su sangre y su sol, y fue así como ocho años después, en 1971, Nicolás González Rivas asumió la responsabilidad como empresario de esta plaza, la cual llevaría a su cargo por cuarenta años, manteniendo en el alma la esencia de un auténtico empresario taurino, capaz de confeccionar en un cartel, mucho más allá de su rentabilidad económica, lo más variado e importante de ese mundo tan maravilloso como enigmático.

Ambos, padre e hijo, escribieron una historia brillante, desde el cartel inaugural en el que partieron plaza Antonio del Olivar, Alfredo Leal y Miguel Mateo “Miguelín”, con toros de la ganadería de Santa María, propiedad de don Nicolás, hasta estos días que corren, pasando por aquellas históricas tardes en que faenas de Manolo Martínez y de Paco Camino inmortalizaron para siempre el ruedo de la plaza queretana.
Aquí, sobre esta arena, se reinventó el toreo cuando Paco Camino lidió a “Navideño”, aquel bravo y noble ejemplar de la ganadería de don Javier Garfias; aquí se encumbró para siempre al inconmensurable Manolo Martínez; aquí se contrató la bronca a Paco Ojeda con la majestuosidad de sus particulares verónicas; aquí tuvo una despedida de ensueño José María Manzanares (padre); aquí se vieron algunas de las últimas y majestuosas chicuelinas de Alfonso Ramírez “El calesero”; aquí tomó la alternativa Miguel Espinoza “Armillita Chico”; aquí alcanzaron la gloria Eloy Cavazos, Jorge Gutiérrez, Curro Rivera, Raúl García y Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea”; aquí pasearon con dignidad y grandeza las figuras españolas; Santiago Martín “El Viti”, Manuel Benítez “El Cordobés”, Joselito Huerta y los mexicanos Jesús Solórzano y Antonio Lomelí.

Aquí se consolidaron grandes ganaderías y aquí, entre muchas otras cosas, se vivió hasta una corrida Goyesca con un cartel de ensueño: Paco Camino, Manolo Martínez y Curro Rivera, con un encierro de don Javier Garfias.

Plaza de toros Santa María, en Querétaro

Han pasado 62 años desde aquella tarde inaugural del 22 de diciembre de 1963, cuando los queretanos estrenamos esta bella plaza de toros, en los límites de la ciudad en la salida a Celaya y donde se continuó con la tradición centenaria de efectuar el festejo taurino navideño.

La Santa María, plaza que se convertiría en escenario de faenas plagadas de maestría, de tardes inolvidables, de infinidad de historias, anécdotas y acontecimientos que marcaron a los habitantes de la ciudad de Querétaro.

Don Nicolás González Jáuregui, creador de la plaza Santa María, y su esposa doña María Rivas Pastor

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