Muchas veces en una familia puede haber diferentes puntos de vista sobre un tema. Tal fue el caso de una familia que vivía en la Ciudad de México hace algunos años. Un matrimonio tenía un hijo a quien le gustaba mucho escribir novelas y poesía, y este muchacho, llamémoslo por ahora Arturo Belano, tenía una amiga que había creado una muy buena relación con la madre de Arturo y eran frecuentes las veces que se reunían para platicar y comer o cenar en la casa de la familia.
Esta chica, si bien tenía una muy buena relación con la mamá, al papá de Arturo no le simpatizaba del todo, aun así, la aceptaba y escuchaba atento los debates sobre literatura que se daban en la sobremesa. Un día, la discusión sobre un concepto subió de tono y el padre de Arturo se manifestó a favor del argumento de su hijo, mientras que la mamá se manifestó a favor de la amiga. Esta joven también era escritora y le había regalado y dedicado un libro a Arturo. Terminada la discusión se pusieron a tal grado las cosas, que la amiga le pidió que le devolviera el libro que le había obsequiado, ante lo que Arturo se negó. – ¿Por qué te lo voy a devolver si es mío?, hasta está dedicado, argumentó Arturo. Al final llegaron a un acuerdo y la amiga se retiró, pero los humos no bajaron en la casa de los anfitriones y continuaron discutiendo los esposos. -Pero cómo es posible que no apoyes a nuestro hijo en esta discusión, reclamaba el padre a su esposa. -Es que esta vez me parece que la razón la tiene ella, reviró la esposa.
Las cosas desde hacía tiempo no andaban muy bien en casa y esta discusión pudo ser la gota que derramó el vaso. El matrimonio terminó por disolverse y con el paso del tiempo el padre empezó una relación con otra persona, pero había algo que lo atormentaba y era que su antigua relación, no había terminado en muy buenos términos y eso se notaba. El ambiente en su nuevo hogar, a veces se sentía triste y con melancolía. La actual pareja del padre de Arturo, no tardó en darse cuenta de lo que estaba pasando y decidió hablar con él y decirle: -sé que las cosas no acabaron como hubieras querido con ella y es normal que a veces te sientas mal. Yo te quiero mucho, pero sí tú no eres feliz, yo no soy feliz, si de verdad te atormenta el que se haya ido, ve y búscala y trata de quedar en buenos términos con ella. Es muy grande y muy bello lo que yo siento por ti, pero de lo que se trata es que los dos seamos felices y si tú eres feliz, yo seré feliz.
El esposo, al escuchar esto, quedó sorprendido y se dio cuenta que su actual pareja en verdad sentía algo muy especial por él. Después de mucho pensarlo, decidió ir a buscar a su expareja y se aseguró de llevarle un regalo que le agradara y decirle lo que estaba pasando. Al llegar con ella le entregó el regalo y le expuso su sentir, ella lo escuchó con atención y le dijo: -lo nuestro fue muy bello, vivimos cosas increíbles, pero las cosas ya no funcionarían como antes, siempre te voy a llevar en mi corazón así que de mi parte quedamos en buenos términos. Conozco a tu actual pareja y se que es una mujer que te ama y sé que tu la amas también. Te agradezco el detalle que me has traído pero aceptarlo sería guardar cosas del pasado, prefiero recordar lo nuestro con cariño y que cada quien tome el rumbo que el destino le ha marcado. El señor lo comprendió y lo asimiló, agradeció y se retiró.
Ella tenía razón y al escucharla se sentía ya mucho más tranquilo, había cerrado un ciclo en muy buenos términos. De regreso a su casa, iba pensando en lo que le dijo y no dejaba de sentir algo extraño, porque de alguna manera lo había rechazado al no aceptar su regalo. Se puso a recordar los mejores momentos y se empezó a sentir triste, así que decidió caminar rumbo a Garibaldi y buscar un lugar para ahogar su pena. El lugar indicado fue El Tenampa, ahí pidió una botella de tequila y se sentó en el rincón de la cantina, justo a un lado de la puerta del baño de caballeros y comenzó a tomarse su botella.
Pasado un rato y ya con unas copas encima, llegó a la cantina un hombre con un mariachi, esto no le sorprendió pues estaba en El Tenampa, el lugar del mariachi por excelencia en la ciudad. Este hombre llegó echando relajo y cantaba y cantaba en la barra del bar, pero notaba que de repente entre canción y canción le lanzaba una mirada y se le quedaba viendo fijamente. Después sacaba una libretita que traía y anotaba algo, los tragos en el hombre desconocido hicieron su efecto natural y se dirigió al baño, pasando justo al lado de la mesa del papá de Arturo. -Buenas noches, mi amigo, le dijo el hombre. -Buenas, le respondió el papá de Arturo.
La noche siguió su curso y otra vez al baño. -Qué tal mi amigo, decía al pasar al baño el hombre. -Oiga, mi amigo, lo noto triste, dijo el hombre. -Sí, pues viene a ahogar una pena, que ya salió pero al salir no deja de doler, se fue, se fue, explicó el papá de Arturo. -Yo soy cantante y escribo canciones y fíjese que lo he estado observando y quisiera cantarle unos versitos que he estado escribiendo al verlo, claro, si usted me lo permite y con todo respeto mi amigo, le dijo el hombre. -Pues arránquese ya para que esta pena acabe de salir, dijo el papá de Arturo.
El hombre llamó a los músicos a la mesa, les dio unas instrucciones, les tarareó una tonada y les dijo: -a ver; échenle, muchachos, a ver cómo sale. Unos tonos de la guitarra se dejaron escuchar y comenzó el hombre a cantar: -estoy en el rincón de una cantina, oyendo la canción que yo pedí, me están sirviendo ahorita mi tequila, ya va mi pensamiento junto a ti.
El hombre era José Alfredo Jiménez Sandoval y esa noche casi vaciaron las botellas de tequila de El Tenampa. El papá de Arturo amaneció en Dolores Hidalgo, en la casa de José Alfredo. Pasado el tiempo, el papá de Arturo hizo su vida con su nueva pareja y fueron muy felices viviendo en Cadereyta de Montes, Querétaro, de donde era originaria ella.
Se instaló, tuvieron tres hijos y vivió en Cadereyta de Montes por muchos años, hasta su muerte. Arturo Belano en realidad era un seudónimo que usaba el escritor chileno ganador de muchos premios literarios, Roberto Bolaño y su padre era don León Bolaño Carné a quien muchos cadereytenses conocimos.
Años más tarde, don León escucho la canción en el radio y no pudo evitar recordar aquella noche y compartir esta historia. La canción se llama “Tu recuerdo y yo”, por supuesto de autoría de José Alfredo Jiménez. La próxima vez que la escuches, recuerda que la música puede componer muchas cosas que el ser humano no ha aprendido a componer y que a veces el origen de una famosa canción pudo haberse dado en situaciones, lugares y con las personas que menos imaginamos.




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