La Procesión del Silencio en Ezequiel Montes, Querétaro, es una manifestación de fe que ha latido en el corazón del municipio por más de tres décadas. Esta tradición, que hoy recorre con solemnidad nuestras calles, tuvo un inicio humilde y profundamente familiar.
LOS INICIOS: UNA SEMILLA DE FE
Todo comenzó por iniciativa del presbítero Jorge López Colín, quien encomendó a la señora Cristiana Ocampo Sánchez la organización de una pequeña procesión dentro del templo de La Divina Providencia. Con gran alegría, ella aceptó el encargo y, junto a sus hermanas, sobrinas, cuñadas y familiares cercanos, comenzaron a cargar en hombros a la Virgen Santísima en su advocación de La Dolorosa. Con el tiempo, el grupo de damas creció y la procesión se trasladó al jardín principal para dotar al acto de mayor dignidad.
Un punto de inflexión ocurrió en 1996 con la llegada de un grupo de jóvenes del Seminario Mayor de Guadalupe. Entre ellos se encontraba el hoy sacerdote Juan Francisco Torres Ibarra, MG, a quien el pueblo adoptó con cariño. Ellos apoyaron al padre Jorge en la organización del Triduo Pascual y realizaron un retiro para jóvenes en el auditorio municipal.
Fue entonces cuando la Procesión del Silencio salió por primera vez a las calles del municipio. En aquella ocasión a los hombres se les pidió llevar cadenas en los pies como signo de penitencia. A las mujeres, portar una flor o un rosario en las manos.
El resurgimiento y la consolidación llegó años más tarde, bajo la guía del padre Javier Francisco Jiménez López. La tradición recobró un vigor inusitado. Con su alegría y amor infinito, el padre Javier impulsó nuevamente las salidas procesionales con la imagen del Santo Entierro y una pequeña imagen de la Dolorosa que él mismo adquirió para la parroquia. Aquellas marchas de pies descalzos, cadenas y cruces al hombro, marcaron profundamente a la comunidad.
Posteriormente, el padre Luis Salas autorizó la gestión para la compra de la imagen de tamaño real de Nuestra Señora de los Dolores, consolidando el patrimonio devocional del pueblo.
A partir de 2018, con el apoyo de los sacerdotes Manuel Sotelo y Juan Rosales, la responsabilidad de la procesión recayó en Ismael Piña Martínez, quien junto a Alma Luz Fuentes Gutiérrez, ha formado una sólida cofradía. Juntos han inyectado una profunda solemnidad al acto:
Las damas: visten de luto riguroso, portando con decoro mantillas, guantes y la medalla de Nuestra Señora de los Dolores.
Los varones: vecinos, amigos y devotos, cargan con entusiasmo el peso de las andas de madera labradas, adornadas con flores, luces, velas y candiles.
Hoy, la fe sigue creciendo y avanzando por las calles de Ezequiel Montes.
Lo que comenzó como un pequeño acto de fe, para recordar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, es ahora una historia viva de amor y devoción que pertenece a todo el pueblo.











Añadir comentario