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Punto de Vista

“La Villa” de Guadalupe

Ya están las novenas y las procesiones de La Loma Chata a la parroquia de San Pedro y San Pablo, en Cadereyta de Montes. Se acerca el 12 de diciembre y con esto las mañanitas en “La Villa”, pero ¿por qué llamamos ‘La Villa’ a la basílica de Guadalupe?
Como todas las historias, tenemos que remontarnos muchos años atrás, antes de la llegada de los europeos a América.

En la región del cerro de El Tepeyac, estaban los pueblos Ticomán, Tlatilco y Zacatenco y en la cima del cerro, ya desde entonces era un lugar de veneración a la madre de todos los dioses, a quien llamaban “Tonantzin”, que en náhuatl quiere decir: “nuestra venerable madrecita”, así con diminutivo (el sufijo tzin ,en náhuatl, se usa para mostrar respeto para referirse a señor o señora, pero también es usado como diminutivo cariñoso). Es posiblemente ese el motivo de que la Virgen de Guadalupe eligiera ese lugar para las apariciones, pues a su modo, los pueblos de entonces veneraban a la madre de sus dioses; y ¿quién es la Virgen de Guadalupe?, pues la madre de Dios.

Para mediados del siglo XVIII, los pueblos alrededor de El Tepeyac, fueron creciendo hasta que se hicieron uno solo, y después de las apariciones guadalupanas, se le nombró a ese lugar, pueblo de Guadalupe. Para 1773, la corona española elevó ese pueblo a categoría de “Villa”. Recordemos que, en el virreinato, había pueblos, ciudades, provincias y villas, entre otras (Cadereyta misma fue una villa de españoles en 1640, está Villa Bernal y Villa Progreso y hasta la Villa Coca Cola).

Después de la independencia de la Nueva España y ya constituido México como república, en 1828, esta villa fue renombrada como Villa de Guadalupe Hidalgo en honor a Miguel Hidalgo. Según la tradición católica y las crónicas, las apariciones guadalupanas sucedieron en el año 1531. En 1709 se terminó de construir la primera basílica de Guadalupe y para entonces ya se realizaban numerosas peregrinaciones.

La gente que visitaba la basílica, se refería al lugar como la basílica que está en la Villa de Guadalupe Hidalgo, pero eso era muy largo y por comodidad empezaron a decir: vamos a la basílica de La Villa, justo igual que hoy por ejemplo podemos decir -¿vas a ir a la nueces y la barbacoa el 29 de septiembre? – ¿A dónde?- pues a Villa. De inmediato sabemos que nos estamos refiriendo a Villa Progreso, Ezequiel Montes. Así pues, la gente decía: vamos a La Villa a ver a la Virgen, pero no porque la basílica en sí sea La Villa, sino porque geográficamente, la basílica está en la villa.

El tiempo pasó y los títulos de villa se dejaron de usar, pero al lugar hoy se sigue conociendo como “La Villa”, incluso hay quien se refiere a la basílica de Guadalupe como “La Villita” como una forma cariñosa de referirse al lugar en donde se encuentra la patrona de México y para todo mexicano católico está bien arraigado e identificado este lugar, incluso creo que es más común decir: vamos a La Villa, que decir: vamos a la basílica de Guadalupe.

Por cierto, hay otro acontecimiento histórico que sucedió en este lugar y fue la firma del tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848, en La Villa de Guadalupe Hidalgo precisamente, en el que México perdió más de la mitad del territorio nacional, firmado por el presidente de la República, Manuel de la Peña y Peña, y no por Antonio López de Santa Anna, como nos lo han hecho creer; pero esa es otra historia.

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