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Punto de Vista

Entre el desorden y las simulaciones en Cadereyta de Montes

La situación en Cadereyta de Montes se complica. Hay muchas cosas urgentes por hacer, pero el gobierno actual parece más enfocado en apagar incendios que ellos mismos provocan, que en ofrecer soluciones reales a la ciudadanía.

La falta de organización y la incapacidad del personal municipal ha llevado a un ambiente de tensión y descontento que se siente en todos los rincones del municipio.

Recientemente, la presidente municipal fue expuesta a agresiones en la delegación de Boyé. Un hecho innecesario que pudo evitarse si existiera una Dirección de Gobierno funcional, con criterio y liderazgo. Pero lejos de resolver conflictos, esa dependencia parece más interesada en amedrentar a los comerciantes locales, obligándolos a retirar sus puestos bajo el argumento de “falta de permisos”.

Lo grave no es que revisen los permisos, sino la falta de equidad. Porque mientras algunos comerciantes son hostigados, hay familiares de una regidora ocupando de forma permanente un amplio tramo de la vía pública en una de las calles principales… y a ellos nadie les dice nada. ¿Ley pareja? Aquí no aplica.

Y mientras tanto, los problemas reales siguen sin atenderse. Por ejemplo, la invasión del espacio peatonal en los arcos del mercado municipal —que impide el libre paso de los ciudadanos— permanece sin solución. ¿Será que no hay voluntad para corregirlo?

Otro tema que preocupa es la organización de la feria. Este año se incluyó un “proyecto para Cadereyta” como parte de la convocatoria para elegir a la reina. Aunque la idea puede sonar interesante, en el fondo revela la incapacidad del gobierno para generar propuestas propias. No olvidemos que ya hubo un escándalo reciente de plagio en uno de los proyectos municipales. Además, la oficina de turismo parece estar en pausa permanente: no hay planes, no hay promoción, no hay ideas.

Y, ojo, es posible que la tradicional feria de Cadereyta, que ha sido gratuita por más de 50 años, pueda cambiar de sede y ahora tendría costo de entrada. No hay nada claro, pero todo apunta a que así será, bajo el pretexto de “recaudar fondos para algo”. ¿Para qué exactamente? Nadie lo explica con claridad.

La administración actual habla de inclusión, pero practica la exclusión. Habla de unión, pero alimenta el discurso de la división. Prometió apoyar a diversos sectores, pero lo primero que hizo fue quitar apoyos básicos como los útiles, zapatos y uniformes escolares. Y lo peor es que esto ya se está volviendo costumbre.

Cadereyta de Montes merece más que simulación y privilegios disfrazados de política pública, un gobierno que trabaje, que escuche y que cumpla. Y, sobre todo, merece que no se normalice lo que claramente está mal.

Es cuanto.

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