En Querétaro, las mujeres representan 3 de cada 10 personas que conforman la mano de obra agropecuaria, pero solamente 1 de cada 5 de las personas productoras son mujeres. Ese solo contraste nos demuestra que las mujeres ya estamos incorporadas al campo desde hace mucho, pero que aún falta que nos incorporemos a los espacios en donde se toman las decisiones y se controlan los recursos productivos. De otra forma, no podemos construir los pilares para la autonomía económica de nosotras las mujeres, un paso ineludible hacia la igualdad sustantiva.
En ese mismo sentido, para hablar de autonomía económica de las mujeres rurales hay que pensar también del tiempo y de los cuidados. En localidades de menos de 10 mil habitantes, las mujeres destinan 43.3 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a 16.9 horas de los hombres: una brecha de 26.4 horas semanales. Además, las mujeres en promedio 37.7 horas al trabajo para el mercado, frente a 48 de los hombres. Este dato nos demuestra que las mujeres del campo podrán acceder realmente a todas las oportunidades que se les otorgan en la medida en que también puedan tener tiempo para capacitarse, trasladarse, producir o comercializar.
Es cierto que tampoco podemos olvidar que las políticas para las mujeres rurales tienen que diseñarse desde el territorio y desde las condiciones reales de producción. Cadereyta de Montes, por ejemplo, tienemás de 200 localidades, y 3 de cada 4 personas de la poblaciónque las conforman viven fuera de la cabecera municipal. a esto, sumemos que en Querétaro el 66.1 por ciento de la superficie agrícola es de temporal y que 88.8 por ciento de las unidades productivas reportó los altos costos de insumos y servicios como un problema a resolver. No basta, entonces, desde la perspectiva de las propias personas productoras, únicamente cubrir las brechas en capacitación e impulsar que muchos de esos espacios sean para mujeres, sino que es vital que se acerquen servicios, insumos, financiamiento y canales de comercialización.
Finalmente, hablar de mujeres rurales no puede reducirse a reconocer su esfuerzo; es decir, no podemos centrarnos únicamente en el discurso, tenemos que construir condiciones reales para que ellas puedan comenzar a tomar los espacios que les corresponden y, así, decidir, producir y prosperar. Es imperioso dar nuevos bríos al campo, pero eso solo sucederá si las mujeres tenemos más tiempo, más herramientas y más poder sobre nuestropropio futuro.



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