La desgracia de la suerte de varas
Sigo impresionado con el contenido del libro “DEL PASEÍLLO AL ARRASTRE La Lidia y su Evolución”, escrito por Domingo Delgado de la Cámara y publicado por Alianza Editorial en el 2004. Yo hubiera pensado que en su momento habría provocado una revolución en la tauromaquia, para afrontar el siglo XXI ante los ataques de los animalistas y anti taurinos; además de regresarle su grandeza y verdad, de la que tanto se presume.
En la página 55 de su obra, Domingo escribió lo siguiente:
“Bien sea con un alarde de valor, bien con unas verónicas generalmente insulsas y movidas, el matador ha recibido a su toro. Llegado ese momento, la espeluznante coraza de picar comienza a realizar su macabro cometido. Desde hace años, en los regimientos de caballería de todos los ejércitos del mundo se sustituyó a los caballos por carros de combate. En la fiesta, lamentablemente, también se ha llevado a cabo ese proceso: el caballo ha sido sustituido por tu tanque acorazado. Parece como si los muchachos de la División Panzergranadera Gross Deutchsland se hubiesen metido a picadores. ¡Qué horror!”.
“Desde hace tiempo asisto a tertulias, conferencias debates de aficionados. Al principio de la reunión se habla de cualquier tema relacionado con la fiesta. Pero, poco a poco, el tema se desliza hacia la suerte de varas. La reunión termina ignorando el objeto inicial del debate y el asunto acaba siendo la suerte de varas. Aquí hay una rara unanimidad entre todos los aficionados de todas las tendencias. No hay discrepancia alguna: la suerte de varas, tal y como ahora se practica, es una vergüenza y habría que reformarla con urgencia. Todos coincidimos en que la actual suerte de varas es el problema más grave de la fiesta”.
“Los ganaderos, hartos de ver como se machacan sus toros y cómo se frustran sus ilusiones de años en las manazas de un picapedrero, claman por la reforma de la suerte de varas desde hace años. Los empresarios no se oponen, pues quieren que el espectáculo que ellos organizan deje contenta y satisfecha a la clientela”.
“Los matadores son más contradictorios: por un lado, se benefician de la actual situación, pues el toro llega medio muerto a la muleta y por lo tanto hace pasar poco miedo. Pero, por otro lado, maldicen la actual situación, pues ese toro medio muerto repite con poco brío y los triunfos que propicia son tibios y de poco alcance: con un toro que se para a cada muletazo es difícil conmover profundamente al público. De todas formas, el colectivo de los matadores nunca se ha opuesto oficialmente a una reforma de la suerte de varas, porque esto les supondría indisponerse con los ganaderos, con los empresarios y con el público. Los matadores, que son hombres con una vocación muy fuerte y, por tanto, con un gran amor a la fiesta, son conscientes de que las cosas no pueden seguir así”.
“Todos estamos de acuerdo de que las cosas no pueden seguir así. Todos, menos la Unión de Picadores y Banderilleros. Y, ojo, que hay buenos profesionales en la Unión, pero su opinión no pesa. Lo que decide es un falso compañerismo, es decir, corporativismo, para proteger a esa pandilla infinita de malos profesionales, que viven muy cómodos subidos encima de un tanque, pero que carecen de los redaños necesarios para picar encima de un caballo…” y continúa escribiendo más delante: “Oiga usted, lo que pretende es que los toros nos derriben y nos tiren al suelo. Usted es un sádico y un sanguinario. Hay que humanizar la fiesta, me dice el picador más chapucero y que pega más duro”.
“Yo lo que pretendo es que ustedes no desangren al toro y éste luche en igualdad de condiciones. Entonces veremos quién sabe picar y quien no, y sacaremos a la suerte de varas de su decadencia. Porque para no ir al suelo habrá que echar la vara por delante sin esperar a que el toro llegue al caballo. Habrá que saber picar. Si un montón de inútiles se tienen que ir a paro, es su problema. Además, los derribos han sido consustanciales a la suerte de varas durante toda su historia.
Si no quiere que los toros le tiren del caballo, hágase taxista. Y no me hable de humanizar la fiesta. Yo las obras de caridad las hago en las Hermanitas de los Pobres, no con unos profesionales a los que pago para que me den un espectáculo”.
“Esta disputa la tuve con un picador hace años. Son los privilegiados del toreo actual. Se montan en un penco inamovible donde los toros se estrellan y casi nunca pueden hacer nada. Cobran un dineral por cinco minutos de trabajo al día y, además, gracias a la presión sindical, son quienes mandan en el toreo porque todos ceden a su chantaje”.
“Un dato: cuando un matador quería colocar a un familiar, lo hacía mozo de espadas. Ahora lo hace picador: se cobra más, se trabaja menos y el riesgo es el mismo: poco o prácticamente ninguno”.
“Aunque últimamente hemos visto con horror que el colectivo de picadores en su pecado ha llevado la penitencia. Espantosa penitencia, pues con el caballito los toros te menean y en cuanto no seas hábil te tiran al suelo, pero nada más. Un brazo roto, cuarenta días de convalecencia y a picar otra vez. Con la muralla de ahora es muy difícil que te tiren, pero si en un esfuerzo titánico o por casualidad el toro derriba, al picador se le vienen encima mil kilos, y cuando la mole del caballo y el peto han caído encima del picador, lo han destrozado, con lesiones gravísimas, fracturas múltiples o la muerte por aplastamiento, como le pasó a José Muñóz en la Plaza de Vic-Feezensac. Gracias a Dios estas cosas pasan pocas veces”.
“Si los picadores pensaran más, empezarían a ver en la muralla acorazada una amenaza. Casi nunca pasa nada, pero cuando pasa… y tendrían que tener una mentalidad más amplia y menos mezquina. A la larga, una reforma de la suerte de varas también les beneficiaría a ellos, pues se librarían de la competencia desleal de todos esos que se suben al tanque sin saber picar, amparados por las actuales circunstancias; dejarían de ser los malos de la película, volviendo a ganar el respeto que siempre se les tuvo, y, por último, se restablecería mucho el prestigio de la fiesta con lo que el toreo tendría un futuro más viable y su profesión estaría garantizada… y es que mientras no se arregle lo del caballo y lo del peto, lo mínimo que se puede exigir y que debemos exigir es que no se pique trasero ni haya ensañamiento. Aceptemos de momento, y solo de momento, las actuales circunstancias, pero que al menos se pique bien. Mientras no podamos reformar la suerte de varas lo que sí debemos hacer es exigir que se pique en su sitio y se mida el castigo”.
“El único efecto que tiene la actual suerte de varas es machacar sin piedad al toro, convirtiéndolo en una morcilla sanguinolenta que muchas veces apenas puede moverse. En la suerte de varas se está matando a los toros, y esto es intolerable”.
Palabras proféticas las de Domingo Delgado. Después de 21 años, hemos observado que hubo muchos oídos sordos a éstos apuntes y apreciaciones… y en México no nos quedamos atrás; actualmente, ya no se deja correr los toros en el ruedo, ya no se bregan, sale el matador a lucirse inmediatamente con el capote; si el toro sale alegre, boyante, galopando y el matador no se acomoda en capa, se vuelve solo un trámite abreviado para pasarlo inmediatamente al caballo y pararlo con puyazos traseros, caídos, bombeando y aplicando la carioca al aflojar la rienda del caballo y justificar que la fuerza del toro giró al caballo y lo encerró contra tablas, donde además el picador no escucha las indicaciones de su matador con el escándalo del respetable (o ya están de acuerdo)… y ese toro, tan alegre y boyante, termina aplomado y solo tirando derrotes para defenderse; aunque hay toros con mucha casta, que vencen el dolor del castigo y aun así embisten nobles, fijos, en cámara lenta, acoplándose el matador a la embestida suave y lenta del toro, y no templando ellos la embestida del burel.
¿Qué se necesita hacer para adecuar la tauromaquia a la forma de pensar y apreciar de las nuevas y no tan nuevas generaciones de aficionados?
¿Hasta dónde están dispuestos a sacrificar todos los involucrados en el espectáculo taurino, en regresarle su esencia y verdad a la fiesta para perpetuarla unos años más? o simplemente, esperaremos a que los animalistas y antitaurinos sigan haciendo su trabajo y la más bella de todas las fiestas bellas, llegue a su fin… una fiesta en esencia, de ¡seda, sangre y sol!
Muchas gracias

Puyazo en la porción anterior del morrillo del toro, para detener y suavizar el embroque con el caballo sin peto; además, de ahormar la embestida del toro, no inmovilizarlo.

Puyazo actual, a medio lomo del burel, donde solo se lesionan discos intervertebrales y se secciona parte de la médula espinal y nervios que irrigan el tren posterior del animal, provocando que se aplome al no poder mover las piernas.

El círculo rojo, indica el sitio donde se debería de ejecutar el puyazo; ahí se ahorma la embestida al lesionar el ligamento nucal, cura función principal es soportar el peso de la cabeza y disminuir el esfuerzo muscular para mantenerla elevada. Las líneas punteadas indican el lugar donde se pica actualmente al toro, al dejar que se estrelle en el peto… y en la mayoría de las veces, lo hacen más trasero y en ocasiones hasta caído.


