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Albero Taurino

Carlos Alberto Vega Pérez · Albero

Cuando se trastocan los derechos de una minoría, por el capricho de los prohibicionistas, anarquistas y fanáticos

Nuestro país está compuesto por una mezcla de culturas, etnias, religiones, ideologías, tendencia y gustos, que componen muchas minorías. Hemos avanzado como nación, a base de imponer el respeto a los derechos de las mismas y esa imposición ha sido con diálogos y discusiones, con empatía y tolerancia para salvar las diferencias, aunque en otras ocasiones ha sido por medio de las armas y un gran derramamiento de sangre.

A partir del 5 de febrero 1917 los derechos de las minorías quedaron consagrados en nuestra carta magna como fundamento para la paz social y el progreso, en sus artículos 1, 5 y 123.
La tauromaquia y los festejos taurinos son tema de discusión política, promovida por grupos y personas que se oponen a ella. Algunos motivados y financiados desde el extranjero por grupos de activistas que defienden los derechos de los animales, con clara y conocida participación en España, Francia y Holanda; otros, porque se dejan convencer por una ideología de una cultura con una evolución muy diferente a la nuestra y han tenido eco en algunos jueces y legisladores estatales y federales.

Todos los individuos y grupos tenemos derecho a expresar nuestra opinión sobre este y otros temas, y promover cualquier causa jurídicamente correcta. Sin embargo, lo que no debemos permitir es el debate con engaños y medias verdades, para lograr que una causa prospere, o peor todavía, para quitar derechos a las minorías.

Los legisladores que tienen como tarea principal, cumplir y hacer cumplir la ley y promover nuevas leyes o cambios en las existentes, fundadas y motivadas con información veraz, y para ello es indispensable conocer de la materia antes de decidir si deben o no afectar los derechos de una minoría.
La fiesta brava en México es preferencia, vida y sustento de una minoría.

Profesionales, ganaderos, artesanos, transportistas, veterinarios, comerciantes, aficionados y simpatizantes que viven de y para la tauromaquia, ejercen un derecho y una libertad que cumple 499 años en nuestro país.
El primer registro de una corrida de toros en nuestra tierra lo tenemos documentado en la Quinta Carta de Relación que escribió Hernán Cortés al rey de España Carlos V, en la que relata que el día de San Juan (24 de junio de 1526) se encontraba presenciando una corrida de toros. Esto no quiere decir que fue la primera corrida que se celebró en México, pero sí que es la primera evidencia irrefutable de su celebración.

Es relativamente fácil explicar la permanencia de la fiesta brava en el virreinato de la Nueva España durante trescientos años, sabedores de su origen y su arraigo español. ¿Pero cómo justificamos su continuación después de la Independencia de 1810? ¿y su permanencia después de las prohibiciones de Juárez y Carranza?
Sin embargo, la tauromaquia no solamente ha reafirmado su presencia durante los últimos años, sino que se ha convertido en una industria próspera. No es un tema menor para México que la fiesta brava siga vigente y pujante a pesar de sus detractores ancestrales y actuales. Las razones de su resistencia y existencia están en su contenido cultural, ecológico, económico y jurídico.

Es una industria que ofrece un espectáculo de índole popular arraigado en la historia, cultura, tradiciones, ferias y fiestas patronales de nuestros pueblos, que genera una actividad económica significativa.
En nuestro país, a finales del siglo XIX los criadores de reses bravas iniciaron un proceso de depuración y mejora de las sangres existentes, importando varios sementales españoles de distintas procedencias. A partir de 1904, los ganaderos con mayor visión decidieron hacer lo propio con hembras de hierros muy relevantes, para mezclarlas con el ganado que ya tenían y durante los siguientes 30 años quedaron establecidas las bases genéticas del toro bravo mexicano que actualmente conocemos.

En 1996 y 1997 algunos ganaderos mexicanos recurrieron nuevamente a la importación de ganado español en pie, hembras y machos, y en pajillas de semen. En escasos quince meses importaron más cabezas en número y en diversidad genética que durante los cuarenta y un años que duró la importación entre 1904 y 1945. Esta nueva sangre ha permitido fortalecer y ampliar las bases genéticas de nuestro toro bravo y durante los últimos 15 años, se ha aumentado la diversidad fenotípica y genotípicadel toro mexicano por la variedad de encastes que existe en cada casa ganadera.

La vocación única del toro de lidia es la pelea y su selección genética se basa principalmente en la bravura. No tiene otro fin en este mundo que los festejos taurinos, puesto que no es apropiado para la producción de carne, leche o el trabajo en yunta.
Al pasar por encima y suprimir los derechos de la minoría taurina en México, quienes pretenden defender a esos poco más de cinco mil ejemplares para que no mueran en una plaza de toros y sí lo hagan en el rastro, lo que en realidad lograrán será condenar a muerte a las sesenta mil reses que pastan en el campo bravo mexicano, y provocarán el deterioro ecológico de las ochenta y dos mil ochocientas hectáreas que lo componen, ya que tienen pocos o nulos usos alternativos.

Los prohibicionistas jamás han hablado de subsidios y apoyos económicos para los afectados, compra de terrenos para santuarios o áreas naturales protegidas para evitar su extinción, así que pasará lo mismo que con los animales de circo, simplemente se prohíben y que cada ganadero haga lo pueda para recuperar su pérdida, y por si esto fuera poco, desaparecerán más de cuatrocientas cuarenta mil fuentes de empleo en un país en donde con muchas dificultades se generan nuevas fuentes de trabajo.
De verdad deseo fervientemente que cuando los señores y señoras legisladores se asomen a la fiesta taurina con el propósito de modificar las leyes que le dan vida a los derechos de las minorías a las corridas como espectáculo público, y su profundidad histórica, cultural y popular.
Si… Cultural, aunque lo nieguen los prohibicionistas.

Según la Convención de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, las medidas de salvaguardia deberían centrarse en las tradiciones y expresiones orales, permitiendo a las comunidades explorar su patrimonio cultural de manera libre. La cultura tradicional y popular se expresa a través de creaciones que responden a las expectativas de la comunidad en cuanto a identidad cultural y social, y se transmiten oralmente. 
La UNESCO define la cultura como: “Un conjunto distintivo de una sociedad o grupo social en el plano espiritual, material, intelectual y emocional, incluyendo el arte, la literatura, los estilos de vida, los valores, las tradiciones y las creencias, una expresión inmaterial única y original que define la manera de ser de un grupo humano”.

En la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, adoptada por la Conferencia General de la Organización en su XXXII reunión, en octubre de 2003, ratificada por nuestro país el 14 de diciembre del 2005 por CONACULTA, se inició una nueva fase en la protección de este patrimonio, entrando en vigor el 20 de abril de 2006 y ratificada nuevamente por nuestro país en julio del mismo año. La Convención reconoció como elementos del “Patrimonio Cultural Inmaterial” los siguientes:
“Las tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural material”.
“Las artes del espectáculo”.
“Los usos sociales, rituales y actos festivos”.
“Los conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo”.
“Las técnicas artesanales tradicionales”.

En el apartado que describe “Los usos sociales, rituales y actos festivos”, que revisten formas extraordinariamente variadas se incluyen: ritos de culto y transición; ceremonias con motivo de nacimientos, desposorios y funerales; juramentos de lealtad; sistemas jurídicos consuetudinarios; juegos y deportes tradicionales, ceremonias de parentesco y allegamiento ritual; modos de asentamiento; tradiciones culinarias; ceremonias estacionales; usos reservados a hombres o mujeres; prácticas de caza, pesca y de recolección, etc. Estas abarcan también una amplia gama de expresiones y elementos materiales: gestos y palabras particulares, recitaciones, cantos o danzas, indumentaria específica, procesiones, “sacrificios de animales” y comidas especiales.

Además, espero que tomen en cuenta que dejar sin sustento económico a más de dos millones doscientas mil personas, en aras de defender a poco más de cinco mil toros de lidia al año en el país, es un atentado en contra de los derechos de una minoría que revela a todas luces los mejores atributos de nuestra identidad nacional como lo son: nuestra tierra, su historia y tradiciones, el arte y la cultura, el bienestar de sus familias, la pasión que los mueve y el valor y la decisión de luchar por triunfar en la vida.

Muchas gracias

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