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Albero Taurino

Carlos Alberto Vega Pérez · Albero

¿Cómo ha cambiado el comportamiento del toro en los últimos 30 años?

La subespecie bovina de lidia cuenta con registros genealógicos desde hace más de dos siglos en la península ibérica y en nuestro país, 499 años; fue pionera en la implementación de programas de selección genética muy complejos en función de sus caracteres fenotípicos y genotípicos.

La aptitud del toro de lidia es la producción de un determinado comportamiento bajo condiciones determinadas y ello condiciona el valor de cada individuo, sus parientes y de forma única la elección de los posibles reproductores tanto machos como hembras.

Siempre ha sido importante valorar el rendimiento productivo de cada toro en el ruedo, para poder decidir qué reproductores deben ser retirados del hato y cuales seleccionados para integrar de forma permanente el futuro de la ganadería, y de ese modo, obtener el máximo rendimiento en el proceso de la mejora genética.

La definición del comportamiento ideal de un toro presenta serias dificultades y una gran variedad de respuestas entre los ganaderos. Es más, la evolución de los gustos de los aficionados que son los consumidores del producto, o el peso específico de cada uno de los tercios de la lidia, hacen variar inevitablemente la decisión del ganadero frente a determinada condición del animal, o frente a la manifestación o ausencia de ciertos patrones de comportamiento.

Cada ganadero tiene su propio sistema de evaluación sencillo y práctico para valorar el comportamiento del toro; sin embargo, algunos investigadores del tema taurino han estudiando el comportamiento del mismo desde un punto de vista más objetivo, analizando un mayor número de parámetros que pudieran servir de herramienta para obtener una calificación objetiva y comparable a la hora de tomar decisiones en el proceso de selección de reproductores y una mayor eficacia de los programas de selección, incrementando la velocidad del progreso genético de la raza y redundando teóricamente en beneficio del espectáculo.

La apreciación de la lidia ha cambiado notablemente a lo largo del último siglo; así, la preponderancia que el primer tercio tenía al comienzo del siglo XX, cuando la lidia consistía fundamentalmente en la lucha del toro con el picador, ha pasado actualmente a basarse en la faena de muleta como centro del espectáculo; mientras que la suerte de varas ya solo representa una fase efímera preparatoria.

Esta tendencia hacia una lidia basada en la muleta ha continuado durante los últimos años, relegando el tercio de varas a un segundo plano; en muchos casos, porque el animal no posee fuerza ni casta suficiente para aguantar más de una vara. La crítica periodística taurina opina que buena parte de los ganaderos han cambiado sus criterios de selección en función de los gustos del público, no del aficionado; tratando de obtener un toro noble que posea movilidad y repetición en el último tercio, para propiciar el triunfo del torero.

En un estudio realizado en España del año 1991 al 2016, donde se estudió el comportamiento de 2577 toros de 4 a 5 años de edad lidiados en plazas de primera y segunda categoría, se obtuvieron los siguientes resultados: el promedio de tiempo que dura la lidia de cada toro es de 17.65 minutos, con una variabilidad de más o menos, 2 minutos.
La duración del tercio de muleta, se ha incrementado en los últimos años, pasando de 38.37 por ciento de la lidia de 1991 al 2005, al 51.82 por ciento del 2010 en adelante.

Si bien la duración de este periodo de la lidia depende en gran medida de la categoría de la plaza, debido a que en plazas de primera eltercio de varas dura mayor tiempo porque el toro acude al caballo en dos ocasiones obligatoriamente, y el tercio de banderillas suele ser más largo y lucido; también depende de la destreza de los toreros y de la procedencia del toro; ya que hay algunos encastes que se aplican más en el capote del matador, mientras que hay otros que se caracterizan por ser muy “abantos” o distraídos y en los inicios no fijan su atención en ningún estímulo, prolongando de esta forma la duración de los tercios precedentes al de muleta; como pasa con losencastes Atanasio y Murube.

Otra característica de comportamiento que ha cambiado es su “salida al ruedo”; ahora es más rápida, antes del 2010 salían más veces caminando o se detenían en la puerta de toriles. El “recorrer la plaza” también se ha incrementado a partir de ese mismo año, sobre todo en ganaderías donde son ejercitados previamente a su venta y se evidencia en su recorrido inicial y al ritmo y velocidad con que lo hacen.
 
El comportamiento en el tercio de varas, aunque en plazas de primera categoría es obligatorio que el toro reciba al menos dos varas, ha disminuido y muchas veces el segundo puyazo es solo un señalamiento. De darse en promedio de 1.83 puyazos por animal en 1991, en el 2016 se daban solo 1.05 puyazos; con los años este tercio se ha reducido al “mono puyazo”, aplicando la mayor parte del castigo en la primera y casi única vara, con lo cual, no se dosifica el castigo, sino que se inhabilita al toro.

En el tercio de varas también se observó del 2008 al 2016, que 150 por ciento más de los toros salieron sueltos del caballo, siendo éste un signo de incremento de mansedumbre en el animal.
En el tercio de banderillas, que es la suerte donde se trata de dejar que el toro se recupere y “retome su aire” tras su encuentro con el picador antes de su lidia final, ya que ese encuentro, propicia un sobre esfuerzo al que no está habituado. Este tercio tiene un mayor número de pausas y al embestir al banderillero sin necesidad de humillar, le permite respirar mejor al no flexionar tanto el cuello y se recupera rápidamente del primer tercio, gracias a que al colocar las banderillas se vuelve a estimular el mecanismo anti dolor del toro.
En este tercio se observaron tres parámetros importantes: “fijeza en el banderillero”, “acudir de largo” y “se duele al castigo”; se encontró un incremento en la falta de fijeza al banderillero, también han disminuido los arranques de largo y se ha aumentado los casos de dolerse a la colocación de las banderillas, indicando también con esto, una pérdida de bravura en forma paulatina con el paso de los años.

Y finalmente, durante el transcurso del tercio de muleta que se ha vuelto actualmente el de mayor importancia, por ser donde se decide el o los premios que otorga el público al torero, aunque muchas veces sin tomar en cuenta los dos tercios anteriores, se observaron los siguientes comportamientos:
A diferencia del tercio de banderillas, en muleta se apreciaron patrones más altos para los indicadores de bravura del 2007 en adelante; embistieron desde más lejos, con más “fijeza” a la muleta, y con mayor nobleza; también aumentó el parámetro de “humillar en muleta” y embestir con ritmo; sin embargo, disminuyó el parámetro de “codicia”, signo de casta y aumento el parámetro de “tardo al embestir” que es un reflejo de mansedumbre o falta de fuerza.
A grandes rasgos se observó un aumento moderado del nivel de bravura y nobleza en muleta, pero aumentando ligeramente lo signos de mansedumbre, todo ello en el contexto de una mayor duración del tercer tercio de la lidia.

Se ha dejado de seleccionar al toro con base principalmente a su comportamiento con el caballo y se ha dado más importancia a su comportamiento en muleta, donde la nobleza y repetición de embestida pesa más en la selección que él resto de los parámetros.

También se ha mejorado su alimentación y preparación física en algunas ganaderías, lo que le permite afrontar con éxito el tercio de muleta de mayor duración en la historia de la tauromaquia. Incluso, en los últimos 25 años el toro ha mejorado su resistencia y mejorado un poco el “síndrome de caída” en el ruedo durante la lidia.
Si observamos objetivamente, debemos reconocer que el toro actual es un animal que ha aumentado su tamaño y peso promedio en unos 100 kg., se mueve más y resiste una lidia mucho más exigente, embistiendo con más entrega y profundidad que el de hace pocas décadas.

En conclusión: el análisis del comportamiento durante esos 25 años del estudio y la observación del comportamiento de los toros en los últimos 10 años, evidencia un cambio en la selección realizada por los ganaderos en las explotaciones, eligiendo animales reproductores con más nobleza y “toreabilidad” que los que se seleccionaban a fines del siglo pasado, donde el papel del toro durante el tercio de varas era fundamental, ya que ahora ha pasado a ser un mero trámite.

El aumento de la actividad física que desarrolla el toro en algunas ganaderías, propicia un tercio de muleta cada vez más largo y la selección de animales repetidores, sumada a las mejoras llevadas a cabo en la alimentación y la implantación de protocolos de entrenamiento físico, han propiciado una mejora en la locomoción de los animales, aumentando el tiempo de faena de muleta.

Muchas gracias.

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