Origen de las castas fundacionales del toro de lidia español
El toro de lidia, también llamado toro bravo, es el macho de una heterogénea población bovina desarrollada, seleccionada y criada para su empleo en diferentes espectáculos taurinos, como corridas o encierros.
Descienden de las razas autóctonas de la península ibérica, conocidas desde tiempo inmemorial con las que iniciaron las formas más primitivas de tauromaquia. Se caracteriza por unos instintos hereditarios de defensa y temperamentales, que se sintetizan en la llamada “bravura”, así como atributos físicos tales como unos cuernos grandes y dirigidos hacia delante y un potente aparato locomotor.
El toro procede del Uro, de la subespecie Bos primigenius primigenius, antepasado del actual Bos taurus primigenius, un bovino de gran tamaño que en sus tiempos fue cazado en Europa y del cual han quedado diferentes y numerosos testimonios plásticos en pinturas rupestres a lo largo de todo el continente europeo, incluida España, desde el periodo paleolítico.
Si bien el toro desapareció de los bosques de Europa central durante el siglo XVII y se extinguió en Polonia, no sucedió lo mismo en la península ibérica, donde el toro permaneció de forma ininterrumpida según los testimonios documentales que avalan que los toros seguían existiendo y que estos eran empleados en corridas de toros durante el siglo XIII, como en las fiestas de toros en Cuéllar en Segovia en el año 1215 o en las fiestas populares de Portugal durante el reinado de Alfonso III en las que se celebraron fiestas y bodas con corridas de toros.
Uno de los aspectos de la historia del toro de lidia que más se presta a discusión es la determinación sobre la aparición de la crianza del mismo con fines de lidia, seleccionando ejemplares y razas, con fines comerciales, o destinados a los espectáculos taurinos de toda índole. No parece que existiera una selección especial durante la Edad Media, en la que, sin embargo, los toros, como otros animales salvajes, eran mantenidos en cautividad y protegidos por los señores feudales para propósitos de cría o de caza.
En tiempos de los Reyes Católicos ya se conocían, así que los primeros indicios de selección del toro bravo apuntan a los siglos XV y XVI en la provincia de Valladolid, donde la proximidad a la Corte, aún itinerante en esta época, hizo que se criase en amplios terrenos una vacada que pudo sentar las bases del toro de lidia actual.
Desde los Términos de Boecillo, La Pedraja de Portillo y Aldea mayor de San Martín, partían los toros para las fiestas de los pueblos, de la Corte o para las eclesiásticas. El nombre de esta pretendida ganadería primigenia fue Raso de Portillo, y se mantuvo vigente hasta finales del siglo XIX. Existe la creencia de que estos toros fueron los primeros empleados en los festejos reales.
Al mismo tiempo, comenzaron a formarse ganaderías en otros lugares de España. Andalucía se puso a la cabeza en la cría de toros, aunque también tuvieron importancia los que se criaron a orillas del Jarama, los llamados Jijones de Villarrubia de los Ojos, los navarros y los aragoneses. Fue en la segunda mitad del siglo XVII cuando las vacadas de toros bravos empezaron a organizarse, aunque todavía sin fines claramente comerciales; tuvo que pasar un siglo más para que el espectáculo taurino cobrara auge y aparecieran las ganaderías orientadas claramente a éste tipo de espectáculos ya con fines comerciales.
El toro actual es el resultado del trabajo de selección efectuado desde principios del siglo XVIII mediante la prueba de la tienta, a fin de elegir para su reproducción ejemplares en los que predominaran determinadas características, aquellas que permitieran el ejercicio de la lidia; es decir, la sucesión de suertes que se ejecutan en las corridas de toros desde que el toro sale al ruedo hasta que, una vez que el diestro le ha dado muerte, es arrastrado por las mulillas.
Estas características han variado a lo largo de los siglos tanto como el toreo mismo, manteniéndose como único sostén y denominador común la bravura del toro.
Cuando hablamos de casta del toro bravo estamos haciendo referencia al genotipo del animal, es decir “a la constitución orgánica, estructura y funcionalidad de cada toro, que comprende todos los factores hereditarios a sus descendientes”. De esta manera, hablar de castas, es hablar del origen morfológico y zootécnico del toro bravo, pudiendo distinguirse diferencias específicas que las hacen singulares a cada una de ellas.
Así nacieron en la segunda mitad del siglo XVIII, las consideradas castas fundacionales de donde se originan los encastes actuales del toro de lidia español: la Morucha Castellana en Boecillo, la Navarra, Toros de la Tierra y Jijona en Madrid y la Mancha, Cabrera y Gallardo en El Puerto de Santa María, Vazqueña, Vega-Villar en Utrera y Vistahermosa. El 90% de las divisas españolas existentes hoy en día, proceden de esta última.
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