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Punto de Vista

¿Es la tauromaquia un espectáculo libre de violencia? Y los espectáculos como el box, lucha libre y tribunas de estadios de futbol, ¿están libres de violencia?

Ya entrados en preguntas, los noticieros televisivos, las películas categoría B y C, las narconovelas y las noticias sobre inseguridad en nuestro país, ¿están libres de violencia? Desde el punto de vista de la psicología, la tauromaquia y la sensibilidad trágica, que es la única que permite hablar de esto sin reducirlo a eslóganes, podemos afirmar lo siguiente: sí, en la tauromaquia hay violencia, y decirlo no es una condena, es el punto de partida ético. Desde la psicología: violencia es el uso de fuerza física con intención de dañar o someter a otro ser sintiente.

En una corrida de toros hay dolor, sangre y muerte provocada del toro, y riesgo de muerte real para el torero. Negar ese componente sería deshonesto.
Ahora bien, desde la sensibilidad trágica de García Lorca, José Bergamín, Picasso y Ernest Hemingway, entre otros, la tauromaquia no se justifica negando la violencia, sino “asumiéndola”. No es violencia instrumental como sería golpear por ira, ni violencia gratuita como el maltrato. Es violencia ritualizada, codificada y expuesta: el hombre y el animal se enfrentan en un espacio público, con reglas, y con la muerte como una posibilidad final para ambos. Lo trágico está justamente ahí: en que el valor estético, el arte del toreo, nace de gestionar esa violencia a centímetros del desastre, sabiendo que el desenlace es irreversible.

La ética, entonces, no está en decir: “no hay violencia”, sino en preguntar: ¿esa violencia tiene un sentido que la sociedad considera legítimo y permitido hoy? o no debe estar permitida porque afecta la mentalidad humana. Es ahí donde entramos en el debate cultural: mientras que para unos es arte sacrificial; para otros, es sufrimiento injustificable.

¿Se reconoce el sufrimiento del animal como real y no se trivializa? ¿El torero asume el riesgo y la responsabilidad, no como espectáculo vacío, sino como acto límite?
Psicológicamente, el aficionado que vive la corrida desde lo trágico no disfruta “de la sangre”, sino de la tensión entre vida y muerte, de la belleza que surge precisamente porque todo puede quebrarse. Pero eso exige lucidez: si uno va a defender la tauromaquia, tiene que poder decir en voz alta “sí, hay violencia y muerte”, sin esconderse detrás de eufemismos y lo que la hace polémica, es violencia ritual, no negada sino exhibida, y que su sentido depende del marco cultural y ético de quien la mira. La sensibilidad trágica no la absuelve, la sostiene en esa contradicción.

Y retomo nuevamente las preguntas iniciales, ¿en los demás espectáculos como el box, lucha libre y tribunas de estadios de futbol no hay violencia? Los noticieros televisivos, las películas categoría B y C y las narconovelas y en general, ¿están libres de violencia?

Vivimos en un país donde se priorizan ideas y conceptos primermundistas, pensando que la idiosincrasia del ciudadano mexicano, es la misma que la del europeo; queremos copiar lo que allá es bien aceptado por la sociedad, creyendo que aquí tenemos la obligación de aceptarlo para sentir que somos una sociedad de primer mundo, aunque sea solo de apariencias; y lo que es peor, que las cosas deben de cambiar milagrosamente por decreto de nuestros gobernantes.

Así han destacado los términos “libre de tabaco”, “libre de adicciones” y “libre de humo”, como si esas declaraciones nos acercaran a una sociedad más educada, civilizada y justa…, pero hasta cuándo tendremos un país “libre de ignorancia”, “libre de inseguridad”, “libre de fanatismos”, “libre de nepotismos”, “libre de tráfico de influencias”, “libre de conflictos de interés”, “libre de injusticias, hipocresías, corrupción y tantas otras cosas tan importantes para tener calidad de vida y que dan calidad al ciudadano”.

La libertad es un derecho. El estado comete un atropello cuando coarta ese derecho por intereses particulares.

La Ciudad de México fue la punta de lanza para prohibir la tauromaquia en su forma tradicional, permitiendo solo las corridas incruentas, sin sangre y con un reglamento tan fuera del conocimiento y contexto de la tauromaquia, al lanzar su eslogan “libre de violencia”. Pero, ¿qué ha hecho para lograrlo? ¿Solo prohibir la tauromaquia con una regulación disfrazada? y ¿eso solucionará los problemas mentales de inducción y apología de la violencia en los ciudadanos?

En varios estados de la república han estado tratando de implementar esta misma prohibición disfrazada, sin lograrlo definitivamente, pero sí suspendiendo de manera individual algunos festejos mediante el uso del recurso de amparo.

Si los ejecutivos de los estados y municipios no quieren pagar el costo político al defender las tradiciones y costumbres de sus pueblos, incluso en estados donde la tauromaquia es Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado y debería ser una obligación defenderla, entonces deben ser congruentes y comenzar a actuar en otras tantas áreas que afectan a nuestra sociedad, mucho más que las corridas de toros como son la seguridad en los deportes espectáculo, la violencia generada en las calles por la delincuencia, la inseguridad en algunas colonias de las ciudades, la inseguridad y asaltos en carreteras estatales y federales, la falta de cultura en la gestión de las emociones a nivel familiar, el abuso de sustancias nocivas de cada persona, proteger a los menores de edad en situación de calle para evitar que sean presa de la delincuencia, crear centros psiquiátricos u hospitales de salud mental para canalizar a tantas personas en las calles que, ante las denuncias ciudadanas, solo los trasladan en patrulla de una colonia a otra, para que ya no sean visibles a la sociedad.

Tal vez haciendo planes de trabajo de fondo, podamos aspirar a tener ciudades y estados “libres de violencia”, antes de prohibir por prohibir espectáculos de tradiciones culturales, escudados en una tendencia con intereses políticos extranjeros que solo quieren acabar con nuestras tradiciones, cultura y por ende, nuestra identidad.
Como lo dijo el máximo creador y líder moral del movimiento MORENA en México: “prohibido prohibir”, pero tal parece que ya se les ha olvidado a todos, incluso a sus seguidores más cercanos y con poder de decisión.

Muchas gracias.

Violencia en las tribunas de los estadios de futbol – ARCHIVO

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