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Albero Taurino

Carlos Alberto Vega Pérez • Albero

El tercer tercio… el tercio de muerte
 
Tras la colocación del tercer par de banderillas, nuevamente el sonido de parches y metales, indican el cambio de tercio e inicia el último de la lidia. El matador toma muleta, estoque y montera, y se dirige al palco de la autoridad para pedir autorización de iniciar la faena y generalmente realiza el brindis de la misma.
El matador queda solo en el ruedo con el toro e inicia el momento de mayor lucimiento de ambos, pues aquí el lidiador muestra sus facultades y su arte, al igual que el toro muestra todas sus características y defectos. A partir de este momento, se contabiliza el tiempo de faena, para el toque de los avisos pertinentes al matador.

En los tercios anteriores, el matador ya observó el comportamiento del toro y con base a ello, inicia el trasteo que se resume en cuatro principios: citar, parar, templar y mandar, con la esperanza que se convierta en una faena de triunfo.
En el tercio de muerte, el toro deberá mostrar fijeza y nobleza, obedecer a los toques, arrancarse pronto, repetir las embestidas sin salir suelto, ni puntear, calamochar o tirar gañafonasos. El toro deberá iniciar sus embestidas humillando, manteniéndose así desde el embroque hasta despedir el pase, sin detenerse ni quedarse corto, sin ceñirse o vencerse por ningún pitón y manteniendo el ritmo de la acometida sin mostrar debilidad, falta de fuerza, caerseo aplomarse.

La muleta se convierte en este momento en el instrumento que permitirá proyectar a los tendidos el arte y el sentimiento que el torero lleva dentro, logrando con ello una comunicación y entendimiento plenos, con ritmo, cadencia, velocidad, tiempo, espacio, temple y una gran expresión corporal.
La belleza de los pases ligados y el remate garboso provocaran exclamaciones nacidas del alma, llenas de alegría y dramatismo por el peligro constante; todo este cúmulo de sentimientos se expresan en el ¡olé! que surge espontáneo, música celestial y consagratoria para el artista que las recibe y que alcanza su mayor dimensión al convertir el coso en una caja de resonancia al coro que exclama ¡torero!, torero!
El tercio de muleta inicia generalmente con doblones de castigo o con pases por alto, dependiendo de la fuerza de la noble bestia.

Los principales pases son:

El pase natural; el clásico por excelencia. Realizado con la mano izquierda, cuando el toro embiste el matador gira y estira el brazo hacia atrás, describiendo con los vuelos de la muleta un cuarto de círculo y moviendo los pies de manera precisa para poder repetir el pase una vez terminado.
En el derechazo se realiza la misma ejecución que un natural, pero con la mano derecha. Se ejecuta agrandando el engaño armando el ayudado con el estaquillador y dejando la mano izquierda libre. Los pases de muleta por uno u otro lado, dependen del comportamiento del toro, porque hay unos que embisten solo por un pitón.

El pase de pecho sirve para rematar una serie de muletazos y se realiza extendiendo la mano hacia adelante con una terminación alta, a la altura del pecho, de forma que el toro levante la cabeza. La continuidad de cuatro o más pases de muleta da como resultado una tanda ligada o serie.
Existen otras suertes de muleta como el pase por alto o de telón, el cambiado, el trincherazo, el toreo rodilla en tierra, los pases ayudados por alto y por bajo, pases afarolados, el molinete, la poncina, la dosantina, el cambiado por la espalda, la manoletina, el desdén o pase de la firma, entro otros.
Después de 7 a 8 minutos de haber iniciado la faena de muleta, el toro decae físicamente por el desgaste producido por la explosión hormonal y el esfuerzo físico realizado; ese momento es aprovechado por el matador para realizar desplantes y mostrar el dominio que ha ejercido sobre el toro, antes de iniciar el momento más importante de la lidia.

El éxito de la faena depende de la ejecución de la suerte suprema, «los apéndices se ganan con la capa y muleta, y se cortan con la espada».

Todas las suertes en el toreo, excepto las del adorno, son en realidad la preparación para la muerte del toro, que es la suerte más difícil y peligrosa.
Antes de tirarse a matar, el torero debe «igualar» al toro; es decir, alinear paralelamente las cuatro patas. De estaforma los omóplatos se abren ligeramente, para que al arrancarse el burel sea en línea recta y la espada penetre sin complicación alguna en su cuerpo.
A la hora de matar, la muleta en la mano izquierda juega un papel fundamental. Se dice inclusive que la que mata es esta mano, pues el diestro deberá hacer la cruz. Esto significa que, a la hora de entrar a matar, deberá bajar la muleta y colocarla prácticamente en los belfos del toro, para obligarlo a humillar y pasar su cabeza lejos de su muslo, cruzando el brazo por debajo del que lleva el estoque. Por eso se dice que, a la hora de matar, “el que no hace la cruz se lo lleva el diablo”.

Antiguamente la suerte suprema se ejecutaba siempre recibiendo, donde el matador cita y espera a pie firme la embestida para hundir el acero en la cruz del animal, hasta que Joaquín Rodríguez Costillares inventó el volapié, donde el matador se vuelca sobre el morrillo del toro, en tres tiempos.
También se pueden matar los toros aguantando. Pero esto es fortuito, pues cuando el diestro se halla perfilado ante el burel, en ocasiones sin cite alguno, el toro se arranca y el diestro adelanta el brazo, y aguantando la embestida, hunde el estoque.
Otra forma de matar es a un tiempo; cuando al intentar el volapié el burel embiste al mismo tiempo que arranca el matador y la estocada se da a un mismo tiempo.

Para matar bien los toros hay que ponerse lo más cerca posible, para que la estocada sea lo más perfecta y certera. Una estocada fallida provoca protestas del respetable y echa por los suelos toda la faena.
Si el matador no tiene éxito con el estoque, pide el descabello. El matador y su cuadrilla mueven y acomodan al toro para que quede pegado a tablas, descuelgue la cabeza y descubra la nuca, ya que es ahí donde debe penetrar la hoja de la espada de descabello, para provocar la muerte del animal.
Esta suerte de recurso debe realizarse cuando el toro “ya herido de muerte”, está parado y ya no embiste, ni tira arreones; si aún embiste, lo ideal es que el matador se tire a matar nuevamente con el estoque, en lugar de insistir demasiado con el descabello.

Finalmente entra el puntillero para segmentar el bulbo raquídeo y asegurarse que el burel ya estácompletamente insensibilizado; posteriormente el cuerpo es retirado del ruedo por un tiro de mulas o percherones.
Dependiendo del desempeño del toro durante la lidia, su bravura, fuerza, nobleza, fijeza, ritmo, movilidad, recorrido, transmisión, repetición, entre otras características, al toro se le puede premiar con “arrastre lento” al salir del ruedo, o “vuelta al ruedo” antes de salir del mismo.
Si el público comienza a sacar y agitar los pañuelos blancos antes que el matador se tire a matar y se repite con mucha insistencia por la mayoría del público, el juez de plaza apoyado por sus asesores y veterinarios, deberá solicitar al matador que de unas tandas más en diferentes partes del ruedo, y si el toro sigue embistiendo con calidad y bravura, el juez aprueba el indulto del mismo por su excepcional comportamiento durante la lidia.

Cabe recalcar que se debe tomar en cuenta el excelente desempeño y juego del toro en “los tres tercios” para merecer el indulto, no solamente la faena de muleta como sucede en muchos casos.
En el indulto, el toro es simbólicamenteliberado por el matador y es un gran honor para él. Ese toro nunca volverá a la plaza para ser toreado y permanecerá hasta el fin de sus días, padreando lotes de vacas en la ganadería.
El juez después del saludo de agradecimiento del matador al finalizar la faena, debe indicar tanto a él como alpúblico los apéndices de premios otorgados, mostrando pañuelos.

A petición mayoritaria del público se otorga la primera oreja, mostrando un pañuelo blanco; la segunda con dos pañuelos blancos a criterio de la autoridad y asesores, más la insistencia del respetable. El otorgamiento del rabo se muestra con un pañuelo verde, tras una excelente faena y ejecución de la suerte suprema, a criterio del juez y sus asesores; además de la insistencia del público asistente.

Para solicitar los trofeos, el respetable deberá mostrar un pañuelo blanco agitándolo, como señal de aprobación de la faena; los premios no se otorgan por la cantidad de silbidos y gritos de obscenidades… siempre lleve su pañuelo a un festejo taurino, es una prenda esencial para mostrar nuestro apoyo o decisión de premiar al toro o al actuante, y esto, está debidamente definido en los reglamentos taurinos.

Muchas gracias.

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