¿Cómo se hace menos daño al toro en un festejo taurino? ¿A la portuguesa o a la española?
Con la propuesta de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, de solo aceptar una tauromaquia “Libre de Violencia”, solo dejó entrever la gran ignorancia que muestran sobre el tema, tanto ella como todo el equipo que asesora y promueven estas iniciativas, dejando atrás otras prioridades en nuestro país y las decisiones tan viscerales y con una línea trazada desde Palacio Nacional.
Parece que es de seguridad nacional evitar que mueran 6 mil animales entre toros y novillos por año en festejos taurinos, por sobre la investigación y detención de los delincuentes que han dejado más de 120 mil mexicanos desaparecidos; por encima del control territorial de 60 por ciento de nuestro país por el crimen organizado y ya en menor grado, los más de 6 millones de bovinos (aparte de borregos, cabras, cerdos y aves) que se matan para consumo en nuestro país y que tampoco se realiza en las mejores condiciones, ni ajustándose estrictamente a la Norma Oficial Mexicana que tanto pregonan.
¿Por qué son tan importantes los derechos del toro de lidia por sobre los derechos de todos los ciudadanos mexicanos? Si nuestra Constitución, que se pasan por el arco del triunfo, nos da derecho de vivir en un país “Libre de ignorancia”, “Libre de inseguridad”, “Libres para ejercer un trabajo digno”, “Libres para vivir y ejercer nuestros gustos y tradiciones”, entre otros muchos derechos que nos consagra. La “Libertad” es un derecho y el Estado comete un atropello cuando coarta ese derecho movido por intereses particulares.
Ojalá que se comenzara con la declaratoria de “Ciudad de México Libre de Violencia”, eso sería aplaudible y se acabara con las ejecuciones diarias por el control territorial de la delincuencia organizada; la inseguridad en el transporte público y en las calles; la falta de alumbrado en calles y espacios públicos entre tantas cosas que se han dejado de atender en la Ciudad de México y en el país.
Pero volviendo a lo que nos incumbe directamente, ¡al toro!, el profesor Juan Carlos Illera del Portal, director del Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid presentó en el VII Simposio de Zafra 2005, un trabajo realizado por él y Fernando Gil Cabrera como parte de su tesis doctoral de éste último y donde estudiaron el estrés y los mecanismos neurofisiológicos desarrollados por el toro de lidia.
El profesor Illera comenzó su disertación definiendo el concepto de estrés y los tipos existentes de agentes estresantes: los cualitativos como lo son los físicos, psicológicos o emocionales; los mixtos o físico-emocionalesy los cuantitativos, analizando la intensidad y duración del estímulo ya sean agudos, crónicos o intermitentes crónicos. También ha querido aclarar que: “en fisiología, siempre hay respuestas individuales, aunque exista un patrón general, cada uno responde de forma distinta ante un agente estresante, no es la misma respuesta de estrés dependiendo de la raza o de la edad”.
Lo primero que encontraron al comenzar la investigación fue que: “el toro es un animal, entre comillas, especial endocrinológicamente hablando, ya que tiene una respuesta totalmente diferente a la de otras especies animales”.
En su exposición, el profesor explicó la respuesta del toro de lidia ante el estímulo estresante: “La mayor amenaza, el mayor factor estresante en el toro en la lidia, es el momento de la salida, cuando se enfrenta a la plaza y el bullicio. Esa amenaza desencadena una reacción o bien de lucha o de huida(acometida o no), después tantea la situación dentro de la plaza (mira, observa, controla) y, finalmente, desarrolla la respuesta agresiva, mediante la movilidad o exhibición de agresión”.
También comparó el comportamiento de los toros de lidia en relación con otras especies: “Es muy raro que un toro salga a la plaza y se tumbe a dormir.
En cambio, en otras especies, si llega a ocurrir ante un estímulo estresante, que desencadena una incapacidad para enfrentar la agresión o depresión, como intentando olvidarse de ese estímulo”.
Hemos llegado a comprobar con medidores del estrés (cortisol y epinefrinas), que el toro tiene durante la lidia menos niveles hormonales que durante el transporte”. Estas mediciones han sido realizadas a toros que son devueltos a los corrales, unos antes de ser picados, otros después y otros incluso con banderillas: “Así hemos podido comprobar que el momento de mayor estrés para el toro es cuando sale a la plaza, desde que está en los corrales hasta que aparece en el ruedo. (…) El toro es un animal especial, que está perfectamente adaptado para la lidia. Y es que todos sus mecanismos endocrinos (hormonales) se ponen en funcionamiento de una manera totalmente distinta a la de cualquier otro animal o incluso las personas. Los novillos se estresan un poco más, pero en los toros, durante su lidia, los niveles llegan a ser prácticamente normales”.
“Los toros en el ruedo liberan betaendorfinas, también conocidas como las hormonas de la felicidad, que bloquean los receptores de dolor en el sitio donde éste se está produciendo hasta que llega un momento en que el dolor y el placer se equiparan, y deja de sentirse dolor” y continuó diciendo: “Gracias a estas mediciones, descubrieron que el umbral de dolor en los toros es grandísimo. Es decir, durante la lidia liberan diez veces más betaendorfinas que un ser humano, por eso su comportamiento ante un estímulo doloroso lo interpretamos erróneamente, y es siete veces más alto que durante el transporte”, lo que explica que el sufrimiento en los traslados sea mayor, ya que se libera una menor cantidad de dicha hormona.
El doctor Illera comentó también que: “en una corrida incruenta el sufrimiento del toro sería mayor; si no se le picara ni banderilleara, posiblemente siguiera con el altísimo nivel de estrés que tiene al salir al ruedo. La puya provoca un mecanismo doble en el toro: por un lado, le estresa y por otro le produce dolor y, por consiguiente, al sentir dolor, comienza a liberar las betaendorfinas que lo matizan. (…) Incluso hemos visto que el toro tiene mucho más estrés cuando es recortado que cuando es lidiado y toreado. Como no hay un estímulo de dolor, liberan menos betaendorfinas y, por tanto, éstas no suplen la sensación de estrés y de sufrimiento”, pudiendo llegar a perder hasta 40 por ciento de su peso durante la lidia, o en los corrales, sufrir un colapso neuroendocrino.
Las conclusiones alcanzadas en estas primeras fases del estudio afirman que: “el estrés que sufre el toro o novillo en la salida del chiquero es el más elevado, pero, aun así, es mucho menor que el que sufre otro tipo de ganado a la hora del transporte; en el caso estudiado, fueun viaje de dos horas del campo al matadero. El toro de lidia tiene un mecanismo especial de adaptación, y no sufre el mismo estrés que otro tipo de animales”. “Se trata de un animal con un mecanismo especial que responde rápidamente, en milisegundos a una situación de estrés, con la liberación de cortisol y catecolaminas. El toro es distinto a los demás animales porque, en cuanto tiene estrés, en cuestión de segundos ya está liberando hormonas para contrarrestar esa situación.
“El toro tiene varios mecanismos receptores del dolor. Cuantos más receptores estén bloqueados, más aumenta el umbral del dolor. En el caso del toro de lidia, durante la misma libera muchas b-endorfinas, más que cualquier otro tipo de animal en otra situación. Por eso, nosotros somos de la idea de que el toro no sufre dolor durante la lidia.
Si al toro algo le hiciera daño, su respuesta habitual sería la huida y no volvería a acometer al caballoconociendo el dolor que se le va a infligir con la normalidad con la que lo hace; sin embargo, en las plazas hemos observado que los toros que muestran signos de mansedumbre, son los primeros que se escupen del caballo y posteriormente son tardos o se niegan a volver a embestir al mismo, eso quiere decir que ha disminuido su velocidad de respuesta ante un estímulo doloroso y/o estresante al perder su bravura”.
¿Desde el punto de vista del bienestar animal se justifica la realización del puyazo y las banderillas? La respuesta es “sí”, aunque parezca contradictorio; las hormonas que se producen con el estrés como son la adrenalina, noradrenalina, cortisol y ACTH, provocan un shock endócrino. Si no se activa su mecanismo anti dolor para que se secreten la dopamina, betaendorfinas, oxitocína y serotonina, y contrarresten esa alteración hormonal, se puede desencadenar un colapso cardiaco. El detonante del mecanismo anti dolor se logra infringiendo dolor, aunque no necesariamente tiene que ser un estímulo de dolor grande, para quitar un gran dolor.
No niegan que el toro se estrese, ni niegan que el toro sufra dolor, como aseguran los animalistas y antitaurinos críticos del doctor Illera desde el punto de vista retórico y no científico. Las investigaciones revelan que “la lidia” no es el momento de mayor estrés para el animal y que su sistema nervioso es capaz de “bloquear el dolor” tan rápidamente, que, por eso mismo, el burel regresa a la “pelea” sobre todo al caballo una y otra vez.
La respuesta al estrés se produce en el sistema neurológico del animal y en el sistema endócrino u hormonal; la respuesta es la liberación de epinefrina desde la médula de la glándula adrenal, que actúa acelerando la circulación sanguínea.
El organismo “entiende” que le falta energía y nutrientes, y por lo mismo, manda más sangre a todo el cuerpo. También se liberan las hormonas Adrenocorticotropa (Acth) y el cortisol, las cuales actúan entre otras funciones, sobre el páncreas (generando más insulina) y sobre el hígado (generando más glucosa), poniendo a disposición de la masa muscular energía para un sobre esfuerzo.
Estas reacciones hormonales tan complejas, producen en el toro una alteración de su comportamiento ante la percepción de un estímulo que perciben como amenaza y el animal puede reaccionar luchando o huyendo. La mayoría de los toros luchan, por lo tanto, el toro ataca todo lo que se mueve y solo 10 por ciento aproximadamente trata de huir.
Los toros que saltan al callejón, prácticamente siempre van tras algo que les llama la atención, lo que de paso desmitifica la creencia de la mansedumbre de estos toros.
Cuando el burel sale al ruedo, se encuentra ante algo desconocido, por lo tanto, se prepara para atacar al “dueño” de ese territorio. Lo recorre y lo identifica con el olfato. Es cuando el burel corre por tablas y el torero observa su comportamiento. Cuando el toro tiene control territorial se pone en estado de alerta, se para y está listo para defender ese territorio.
Si bien en las primeras mediciones se determinó que el mayor estrés lo sufre el toro en el camión que lo transporta de la ganadería a la plaza, el sistema de microchip permitió comparar el estrés en las fases de la lidia: salida, puya, banderillas y estoque. El punto más alto, que es la salida al ruedo, marcó 20 nanogramos por mililitro (ng/ml) de la hormona Acth, mientras que al momento del estoque marcó 7.5 ng/ml. El cortisol por su parte, pasa de 40 ng/ml en la salida a 20 ng/ml en el momento de la “suerte suprema”.
La velocidad de la neurona talámica del toro de lidia es de 48 metros por segundo (aproximadamente 70 por ciento más rápido que en otros vacunos), eso quiere decir que el animal deja de sentir dolor entre 3.4 a 4.2 segundos después de haber sentido el estímulo de dolor, “es por eso que regresa al caballo una y otra vez”.
Estos resultados son contundentes y aportan argumentos científicos al debate sobre el sufrimiento del toro y el futuro de la fiesta brava; justifican la realización de la suerte de varas y banderillas, mas no el tamaño de los instrumentos que se usan actualmente.
Muchas gracias.

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