¿Dónde y cuándo se realizó la primera corrida de toros?
El mundo de la tauromaquia siempre ha estado unido a la historia de España, por ser una de las tradiciones más arraigadas de la cultura española, además de ser una de las más famosas y polémicas a nivel mundial, y se define como “El arte de lidiar toros tanto a pie como a caballo”.
Sus inicios se remontan a la edad de bronce, en donde solo la realeza era digna de demostrar su valentía frente a un toro; al contrario de lo que se cree, el rejoneo es la expresión más antigua, los escritos datan del año de 1455 en España y esto no sería posible sin el toro bravo. Estas historias se entrelazan de tal manera, que se cree que los primeros enfrentamientos fueron con los uros, animales de caza que a pesar de no ser una raza endémica de España fue allí donde encontró uno de los mayores asentamientos para su supervivencia.
En la Biblia se encuentran referencias al sacrificio de toros bravos en holocausto de la divina justicia, considerándose al toro como símbolo de fortaleza, fiereza y acometividad. También se encuentran referencias a los holocaustos religiosos que celebraban los íberos; en ellos, sacrificaban a los toros bravos desafiándoles en espectáculos públicos.
Los antecedentes de los ritos con toros se remontan a la Edad de Bronce. En las culturas de la antigüedad el toro ha sido un símbolo importante como elemento identificador de ritos y sacrificios de animales cuyo fin era favorecer la fuerza de los guerreros o la fertilidad del ganado; también fue frecuente su empleo en las ofrendas, ceremonias funerarias o rituales de paso.
De estas antiguas tradiciones existen vestigios procedentes de culturas como la indo-iraní, mesopotámica, egipcia y europea, entre todas ellas las referentes a la Península Ibérica tienen relevancia por su relación directa con las tradiciones taurinas que desembocaron en la tauromaquia, tradiciones culturales que fueron más tarde llevadas a otros países, como Portugal, Francia, México, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Paraguay, entre otros.
En los inicios de la Edad Media, los testimonios documentados en torno a la tauromaquia indican que las fiestas y juegos de toros ya estaban asentados en la Península Ibérica procedentes de los antiguos rituales con toros en los que se practicaron diferentes formas de burlar a las reses, y que se tomaban con aire festivo y lúdico.
La historia sitúa la primera corrida de toros documentada en el año 1128, en la boda de Alfonso VII de Castillay Berenguela de Barcelona. Tuvo lugar en la localidad de Saldaña (Palencia). La crónica de la época dice: “…en que casó Alfonso VII en Saldaña con Doña Berenguela la chica, hija del Conde de Barcelona, entre otras funciones, hubo también fiestas de toros”.
Saldaña es un municipio y villa española de la provincia de Palencia en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Centro de la comarca de Vega-Valdavia,ubicada a la orilla del río Carrión.
Sin duda son los condes de Saldaña, de cuyo Castillo las ruinas aún subsisten, los que llenan la historia y la leyenda locales. La literatura popular recuerda a Bernardo del Carpio, hijo de Sancho Díaz, conde de Saldaña, y de la princesa Ximena, hermana del rey Alfonso II de Asturias.
El rey, que se oponía a este matrimonio, encerró en una mazmorra al conde y envió a un monasterio a su hermana.
Posteriormente, fue la cabeza del condado de Saldaña-Carrión cuyos condes, según documentos musulmanes, pertenecían a la familia de los Beni Gómez, siendo su primer conde documentado Diego Muñoz. Vasallo del reino de León durante el siglo X, compartía su frontera oriental con el condado de Monzón, el cual fue finalmente repartido entre el incipiente condado de Castilla y el propio condado de Saldaña-Carrión.
Existen indicios documentales en los que se afirma la participación de los condes de Saldaña-Carrión y de Castilla en diversas revueltas contra el reino leonés, aprovechando épocas de debilidad del mismo durante el siglo X y que desembocaron en la independencia de facto del condado de Castilla.
Saldaña fue la cabecera de más de cien lugares, señorío del marqués de Santillana y uno de los centros de formación más importantes del país. La antigua Gili-Zalan, posteriormente llamada Saldania, se hizo famosa por sus luchas contra Roma, cuya dominación fue larga y fecunda. A partir del siglo siguiente de la primera corrida documentada en el XIII, se extiende la tradición de “correr los toros” para festejar bodas, bautizos, funerales… Mientras que la nobleza lo hacía a caballo, el pueblo los corría a pie.
La llegada de los Borbones al Vaticano después de los Borgia, propició a separación de la nobleza y la tauromaquia.
Los Borbones lo consideraban una fiesta bárbara y de mal gusto, por lo que los nobles se alejaron de ella, so pena de excomunión, aunque el pueblo continuó corriendo toros “a pie”. Fue hasta 1733 cuando en Sevilla, los varilargueros y mayorales de las ganaderías, sustituyeron a los nobles señores; pero a partir de esta fecha, el matador de a pie se impuso indiscutible en el gusto del público. Cuando la nobleza trató de acercarse nuevamente a los festejos taurinos del pueblo, tuvo que doblegarse con la Fiesta para así estar presente en los anales de la Monarquía, como lo fueron la coronación de Carlos III en 1759 y la boda del Príncipe de Asturias en 1765.
Por esta razón, fue que durante el reinado de Carlos III se construyeron dos de las plazas de toros más antiguas que aún existen: las de las Reales Maestranzas de Caballería de Sevilla (1761) y la de Ronda (1784). En 1761 aparecen los primeros carteles de toros, anunciando la inauguración de la temporada en Sevilla, siendo éste, el más antiguo que se conserva. Durante esta época surgió el primer torero de renombre en la historia, Francisco Romero y Acevedo, fundador de una dinastía taurina fundamental para la historia de la tauromaquia, se le atribuyen importantes aportaciones en un periodo clave en el que se definió la lidia moderna a pie, como fue el uso de la muleta y del estoque para matar al toro frente a frente. Padre del también matador Juan Romero, y abuelo del gran torero Pedro Romero.
En los primeros años del siglo XVIII, en Ronda, Francisco Romero, al final de una corrida de toros, pidió autorización para matar él mismo al toro. Después de citar dos o tres veces al toro con un lienzo, Francisco Romero estoqueó al toro con ayuda de su espada. Pronto se repitió la nueva suerte en otras plazas y se convirtió en un auténtico profesional, dando inicio al toreo a pie como espectáculo moderno.
El uso de lienzos o pañuelos blancos colgados de un palillo, es probablemente anterior al torero rondeño, y su evolución hacia la muleta fue paulatina durante este poco conocido periodo taurino, pero es posible que Francisco Romero sí generalizase su uso como instrumento de la lidia, para matar al toro frente a frente.
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