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Albero Taurino

Carlos Alberto Vega Pérez · Albero

Diferencias entre el toro de lidia español y el mexicano
 
Hace un poco más de 5000 años a.C. inició un periodo en que el hombre alternó la caza con la agricultura y la ganadería hasta volverse sedentario y depender únicamente de estas dos últimas actividades; es quizá en esta etapa que ciertos bovinos aceptaron la domesticación.
Durante la era de tauro entre los años 4513 a 2353 a.C., las diversas civilizaciones se caracterizaron por el culto a divinidades tauricas. En todas las culturas mediterráneas y en el mundo celta, la creencia mágica en las virtudes genéticas del toro y su transmisión al hombre, le hicieron figura sacra y objeto de culto y numerosos ritos religiosos y celebraciones festivas.
En la mitología griega aparece en forma de Minotauro o como disfraz de Zeus para raptar a Europa, en Egipto el buey Apis es el dios de la fecundidad y de la abundancia. Los hebreos adoraron al becerro de oro. En Babilonia, adoraban a los toros alados. En Egipto y Asia Menor, desde 5000 años a.C. se domesticó al toro y se le rindió culto.

El mundo romano adoptó el culto de origen persa al Dios Mitra, el joven dios que sacrificaba al toro primordial para hacer surgir al mundo: de su sangre brotaron las vides, de la médula, el trigo y de su semen, los animales. Julio César hace 2000 años, describía el uro que habitaba en la selva Hercinia, en Germania, a orillas del Danubio, resaltando su carácter indómito, su bravura y ligereza, y el divertimento que constituía su caza para los jóvenes.

El uro o toro salvaje estaba domesticado en Oriente (al igual que el perro) desde épocas muy remotas. Era un animal enorme y peligrosísimo que poblaba los bosques de la Europa Central y Nórdica, que se extinguió en Europa en la Edad Media, es el antepasado salvaje de todas las razas bovinas domésticas existentes hoy. El toro de lidia actual es, entre todos los descendientes directos del uro, el que mejor conserva sus características genéticas.
El toro de lidia tuvo su cuna, origen y solar en España, y desde aquí se extendió y exportó a Portugal, sur de Francia y numerosos países del Continente Americano principalmente durante el siglo XX.

¿Pero en torno de quién gira la fiesta brava? Del toro de lidia, naturalmente. Pero, ¿qué condiciones requiere un astado para ser calificado como bravo?
Que, además del trapío que es la apariencia física, reúna casta, fuerza y movilidad para galopar con ritmo en la acometida, mostrando prontitud en el arranque y rectitud y largueza en el recorrido. Que arremeta desde lejos al caballo, recargando codiciosamente debajo del estribo. Que su agresividad asentada por la puya no disminuya, sino que se crezca al castigo.
Que con las banderillas no se duela y, de preferencia, que pelee en los medios. Que durante la lidia mantenga el hocico cerrado y así muera.

Ahora bien, quienes presenciamos anualmente un buen número de corridas en España y en México, constatamos la diferencia en estampa, casta, fuerza y movilidad de los toros en ambos países. El toro de lidia español y el toro mexicano presentan algunas diferencias notables.
En su origen y raza, el toro de lidia español se desarrolló a partir de líneas genéticas autóctonas de la península ibérica, las famosas 5 castas fundacionales, que se caracterizan por su bravura, fuerza y atributos físicos específicos.
El toro mexicano es descendiente de las primeras cruzas de toros y vacas para el abasto que trajeron los conquistadores y que al criarse en grandes agostaderos y sin mucho manejo, desarrollaron algunos ejemplares un temperamento agresivo; posteriormente, después de aquel fracaso en los festejos taurinos llevados a cabo en honor de Hernán Cortés en 1526, se trajeron toros y vacas españolas para iniciar la cabaña brava mexicana.

De ahí la diferencia fenotípica entre los encastes español y mexicano, aunque también influye muchísimo la geografía, el medio ambiente donde se desarrolle y la alimentación.

El comportamiento del toro de lidia español es más agresivo, en comparación con el toro mexicano que tiene un comportamiento más relajado, por esa reserva genética de sus ancestros domesticados; el toro mexicano tiene trapío, pero su caja no es tan aparatosa como la del toro español. Normalmente el mexicano, mantiene su movilidad durante toda la lidia y por estas características, permite trasteos largos con 80 o más pases, en contraste con el toro español, que permite de 30 a 40 pases debido a su mayor corpulencia y rapidez de movimientos.

El toro mexicano rompe con más frecuencia y, al entregarse, muestra fijeza y boyantía. Humilla con facilidad y permite que el matador pueda desarrollar el temple y cuajar sus faenas con un toreo lento, armonioso y rítmico. En la puya demuestra su fuerza, con las frecuentes caídas y derribos que provoca, y generalmente acepta más varas y no deberían doblar tanto las manos con la frecuencia que se ve en España. Los encierros lidiados en las principales plazas de México pesan en promedio 500 kilos y tienen cuatro años de edad; aunque con menos presencia, pero con más bravura, movilidad y franqueza que el toro español.

De unos años para acá, hemos observado incremento en la mansedumbre e invalidez tanto en el toro español, como en el mexicano; esto trastoca las elementales reglas del juego y provoca que los matadores desvirtúen su arte. Bajo estas condiciones, el toreo pierde emoción e interés.
No es comprensible que para la comodidad de algunas figuras o en aras de favorecer la expresión artística, se haya abusado en la moderación de la bravura del toro. Urge el refresco genético para restituir la pérdida de casta y fortaleza para poder ver en los ruedos toros con mayor agresividad y poder, que transmitan emoción y peligro a los aficionados y permitan a los matadores mostrar su valor y tauromaquia en plenitud y la expresión artística de su alma torera en cada uno de sus lances y pases durante la lidia.

Pero me gustaría que el público actual entendiera que un toro puede ser bravo o manso, y en los dos casos tiene su lidia. Y, si es un manso encastado, su lidia puede ser de verdad emocionante. Lo que no me parece aceptable es el toro descastado, por bondadoso que sea; aunque muchas figuras se han consagrado justamente al dominar a un toro muy manso; pero el público actual no parece entenderlo.

Muchas gracias

Toro bravo de encaste español
Toro bravo de encaste mexicano

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