¿Cómo ve el toro de lidia y por qué o contra que embiste?
La percepción del color por medio de la vista, se debe a un tipo especial de neuronas en la retina del ojo llamadas conos; existen también los bastones, que se encargan de detectar la luz, incluso cuando su intensidad es muy leve. Cada color, tiene una longitud de onda diferente, por eso es perceptible y diferenciable.
En el ojo humano existen tres tipos de conos que responden a la luz azul, verde y roja. Los conos se denominan S, M y L respectivamente, dependiendo de la longitud de onda o color al que responden mejor, ya que en realidad ninguno de los conos tiene una afinidad especifica a su color, sino que también a los tonos parecidos. En cualquier caso, si combinamos la intensidad de luz detectada por los tres tipos de conos, nuestro cerebro es capaz de distinguir los colores del arco iris, puesto que usamos tres células receptoras del color, por eso somos tricrómatas, excepto laspersonas daltónicas.
Un animal que ve en blanco y negro se denomina monocrómata, puesto que ve cualquier color como uno solo, ya sea porque no tiene conos, o bien porque solo tienen un tipo de conos, por lo que no pueden distinguir colores.
Durante muchos años se pensó que casi todos los mamíferos, incluyendo los toros, eran monocrómatas, de ahí que se extendiera el mito de que “los toros ven en blanco y negro”. Pero la cuestión es que prácticamente todos los mamíferos pueden detectar colores, aunque no exactamente como un ser humano normal, pues solamente tienen dos tipos de conos en lugar de tres: son seres dicrómatas.
Los mamíferos marinos como los delfines, ballenas, focas etc., son monocrómatas, tal vez debido a que debajo del agua y a cierta profundidad todo se ve de un solo color.
Existen distintos tipos de problemas en la visión humana que se engloban bajo el nombre de “daltonismo”, pero el que se parece más a la visión de los toros se llama protanopia.
Un ojo protánope no tiene los conos L, por lo que no es capaz de distinguir el color rojo del verde. El rojo se ve simplemente como una versión más oscura del verde. Si quieres imaginar como ve un toro de lidia comparado contigo (salvo que seas daltónico), mira las siguientes fotografías.
Los toros no ven el color rojo de la muleta como la vemos nosotros, pero de ahí a decir que ven solo en blanco y negro hay mucha diferencia. Lo mismo sucede a los perros y los gatos, aunque los experimentos realizados con ellos sugieren que su visión se parece más a la de un ser humano con deuteranopía en vez de protanopía; es decir, con falta de conos sensibles al color verde.
Ver el mundo en dos colores en vez de tres, no es una desventaja; con una visión dicrómata, a los animales se les facilita detectar cosas ocultas o el camuflaje de la naturaleza y fijar mejor la visión para evitar un obstáculo o atacar a su enemigo y/o su presa. La naturaleza es muy sabia, de otra manera la supervivencia en su hábitat, sería más difícil.
Pero entonces, ¿por qué o contra que embisten los toros?
Ya sabemos que da igual que el torero utilice el capote verde o la muleta morada, azul o blanca, porque el toro no distingue toda la gama de colores del arco iris. Pero, ¿por qué el toro embiste contra el capote y la muleta?
Embiste contra el movimiento, embiste al capote y muleta porque se está moviendo. ¿Pero por qué? La respuesta está en el comportamiento instintivo del toro, en función de la raza, la selección genética y la agresividad en relación a los niveles de testosterona y serotonina en su sangre.
Para tratar de explicar esto, supongamos que estamos compartiendo el espacio con un orangután y al mismo tiempo con un toro; el orangután al igual que el toro, puede estar condicionado previamente a responder agresivamente, pero el comportamiento de ambos no va a ser el mismo.
Si el primate decide atacarnos, no tiene que esperar a que hagamos algún movimiento; nos ve muy bien de lejos y nos atacará sin avisar.
Su sistema visual es muy parecido al nuestro, identifica perfectamente bien nuestra forma humanoide (similar a la suya) a gran distancia. El toro no, si nos movemos lentamente, le costará mucho diferenciarnos del entorno y aunque perciba el movimiento, si estamos lo suficientemente lejos, puede ser incapaz de diferenciarnos del paisaje que ve y no es por la visión deficiente del color (comparado con nosotros), ni porque la calidad visual que ofrece el ojo del toro sea muy pobre. La respuesta está en el cerebro. El de los primates tiene un lóbulo occipital (parte encargada de procesar la visión) muy desarrollado; en comparación con la mayoría de los mamíferos que no identifican claramente los elementos de su entorno.
Los humanos al igual que los primates, nos podemos fiar mucho de nuestra visión; podemos decir si algo o alguien son peligrosos para nosotros según como interpretemos su imagen. Un orangután hostil, pero que no nos ataque nada más de vernos, nos vigilará. Si hacemos movimientos tranquilos, pausados, sin mirarlo a los ojos y si mostramos una actitud no amenazante, posiblemente el primate no nos haga nada, porque es capaz de interpretar un gesto hostil y un movimiento amenazador.
El toro es incapaz de diferenciar tanto detalle en un movimiento, puede saber lo que es un movimiento brusco y un pausado, pero su cerebro, no es tan complejo como para entender que sacudir un capote no es amenazador para él. Como muchos animales que son presas, no se queda a ver qué es exactamente lo que se está moviendo, la distancia a la que está y solo trata de huir defendiéndose.
En cambio, los animales depredadores son muy buenos calculando distancias, velocidades y tamaños. Prácticamente cualquier animal sabe que es lo que se le acerca o aleja, a que distancia está y lo grande que es, lo que les suele fallar, es diferenciar exactamente la silueta y la forma.
El toro al mirarnos, hace un cálculo de lo cercano que está de su objetivo. Si estamos lo suficientemente lejos de él, no llamaremos su atención, aunque hagamos movimientos bruscos y no porque no nos vea, si no que la distancia entre ambos, es suficiente para que no le parezcamos una amenaza.
Al estar más cerca de él e invadiendo su área de confort y seguridad que le rodea, el toro no se para a diferenciar nuestra forma o como es exactamente ese movimiento; si el percibe un movimiento brusco, toma una decisión, que para muchos animales significa huir, pero para aquellos dotados de elementos defensivos y de un carácter genético hereditario como la bravura, implica atacar para defenderse.
¿Pero por qué embiste al capote y muleta?
Cuando el toro decide embestir, podemos hacer más preguntas, ¿por qué contra el capote? ¿No se da cuenta que lo estamos moviendo nosotros? ¿Qué es un objeto separado de nosotros? Pues no y nuevamente no se trata tanto de que el ojo le ofrezca una visión pobre, sino que, en esto, es su cerebro el que no codifica una información tan compleja. No puede separar conceptualmente el engaño del torero, lo ve como uno mismo y carga contra lo que se está moviendo bruscamente.
Cuando el toro alcanza al torero, generalmente es porque el toro está lo suficientemente cerca del torero, o el engaño lo suficientemente lejos del mismo, como para poder diferenciar la figura del torero, aparte del engaño y por algún motivo (normalmente porque ha movido bruscamente las piernas) lo identifica como algo amenazador y tira el derrote o embiste.
Cuando el toro sale de los chiqueros a la plaza, está lleno de confusión, de ahí que busque desesperadamente una salida que no encuentra y al no hallarla, se prepara para atacar al “dueño” de ese territorio.
Lo recorre y lo identifica con el olfato recorriendo las tablas y cuando tiene el control territorial, se incrementa su estado de alerta, se para y está listo para defender “su territorio”; pero se topa con multitud de situaciones excitantes, que desencadenan una explosión neuroendocrina que se traduce en una agresividad predominantemente defensiva, que el ganadero ha seleccionado genéticamente y que tiene una corta duración y es cuando el toro pelea y trata de librarse de todo lo que le acosa.
La adrenalina, la noradrenalina y el cortisol, son hormonas que dependiendo de la cantidad secretada por el toro, producen la excitación, broncodilatación y el estado de alerta máxima debido al estrés al que es sometido; estas hormonas, aunadas a los niveles de testosterona y serotonina sanguínea que presenta el burel desde su nacimiento, las que determinan en el toro la bravura, mansedumbre y la excitación que se provocan naturalmente en él, cuando se separa de la manada y unido a este desajuste hormonal, el tipo de visión y la poca capacidad cerebral de la que ya hablamos anteriormente, lo que provoca que el burel siga embistiendo a todo lo que se mueva y siga atacando sin sentir lo que le pase a su cuerpo, ya que aquí intervienen otras hormonas (las beta endorfinas) que son las que bloquean el dolor en el transcurso de 3.4 a 4.2 segundos después de haber recibido un estímulo doloroso (puya y/o banderillas) las que hacen que siga entregándose a fondo, hasta sufrir un gran desgaste energético, que lo cansa y aploma en el ruedo a los 15 a 25 minutos después de haberse desencadenado su producción… es el momento en que el toro “pide la muerte”.

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